Lo imposible: Un tsunami lacrimógeno

La línea que separa lo emotivo de lo lacrimógeno es muy fina. Y dar un paso en falso entrando de lleno es lo prescindible, cuando se habla de esos asuntos, es un error garrafal.
Si dijera que Lo imposible es una mala película estaría exagerando sus defectos. Si dijera que es una obra excelente estaría siguiendo la estela de una campaña de marketing muy exagerada. Porque Lo imposible es una película más y no pasando mucho tiempo quedará por debajo de las obras maestras que es donde debe estar. Aunque arrase en taquilla durante las próximas semanas.
Desde el principio el director deja bien claro, por escrito y en pantalla, que la historia que va a contar es una historia verdadera. Lo cierto es que si este guión fuera producto de la imaginación de un autor cualquiera nadie la tomaría en serio, no sería creíble. Es un auténtico disparate. Pero lo cierto es que eso pasó y la actitud del espectador es asumir lo que le echen sin rechistar. De aquí llega el título. Y es al principio cuando la película tiene más fuerza. Narrativamente potente, con un ritmo que hace aumentar la tensión con rapidez hasta remover en el asiento a todos, parca en diálogos aunque suficiente. Pero a partir de las escenas del tsunami (muy bien rodadas y tratadas digitalmente con esmero) la cosa va derivando hacia el drama de una familia que podría contarse en otro ámbito, en otro momento, sin que se modificase nada de lo esencial. La emoción, la conmoción deja espacio a la lágrima fácil; los silencios de los personajes que se sustituyen con un sonido aterrador dejan paso a frases vacías y traídas por los pelos. Es la imagen, la zona visual la que mantiene algo elevado el nivel del conjunto. Todo esto se acompaña con una banda sonora fallida. No puede ser que un trabajo que aspira a ser algo grande utilice la música para que llores más, para que te fijes más, para que si no te emocionas con la historia te emociones por narices. Todo un arranque potente e inquietante se va diluyendo en nada.
Tom Holland es el joven actor que arrastra todo el peso interpretativo de la película. No lo hace nada mal. En este caso concreto, el director Juan Antonio Bayona, hace un trabajo sobresaliente con el actor. Naomi Watts y Ewan McGregor están más discretos. No es que parezcan aburridos, pero tampoco destacan de forma especial. Es verdad que el papel de Naomi Watts era difícil ya que estar metida en el agua para actuar es siempre desagradable y dificultoso. Eso es verdad aunque no puede servir de excusa para defender el papel de forma justita. Lo emocionante no viene de las interpretaciones. Llega desde un clima que el director logra muy bien en el primer tramo de película; cuando nada es exagerado ni buscado de forma artificial.
Los que sí tienen gran mérito son los técnicos de sonido, los técnicos de efectos especiales y visuales, los peluqueros y los maquilladores. Su trabajo es excelente sin paliativos y huele a lluvia de premios.
Lo imposible es una buena película. Muy entretenida. Pero con demasiados peros. Algún día, su director se arrepentirá de haber cedido ante las ganas de hacer taquilla. Tenía un diamante entre las manos y con tanta congoja lo ha dejado caer.
© Del Texto: Nirek Sabal


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