oct 16 2012

Lo imposible: Un tsunami lacrimógeno

La línea que separa lo emotivo de lo lacrimógeno es muy fina. Y dar un paso en falso entrando de lleno es lo prescindible, cuando se habla de esos asuntos, es un error garrafal.
Si dijera que Lo imposible es una mala película estaría exagerando sus defectos. Si dijera que es una obra excelente estaría siguiendo la estela de una campaña de marketing muy exagerada. Porque Lo imposible es una película más y no pasando mucho tiempo quedará por debajo de las obras maestras que es donde debe estar. Aunque arrase en taquilla durante las próximas semanas.
Desde el principio el director deja bien claro, por escrito y en pantalla, que la historia que va a contar es una historia verdadera. Lo cierto es que si este guión fuera producto de la imaginación de un autor cualquiera nadie la tomaría en serio, no sería creíble. Es un auténtico disparate. Pero lo cierto es que eso pasó y la actitud del espectador es asumir lo que le echen sin rechistar. De aquí llega el título. Y es al principio cuando la película tiene más fuerza. Narrativamente potente, con un ritmo que hace aumentar la tensión con rapidez hasta remover en el asiento a todos, parca en diálogos aunque suficiente. Pero a partir de las escenas del tsunami (muy bien rodadas y tratadas digitalmente con esmero) la cosa va derivando hacia el drama de una familia que podría contarse en otro ámbito, en otro momento, sin que se modificase nada de lo esencial. La emoción, la conmoción deja espacio a la lágrima fácil; los silencios de los personajes que se sustituyen con un sonido aterrador dejan paso a frases vacías y traídas por los pelos. Es la imagen, la zona visual la que mantiene algo elevado el nivel del conjunto. Todo esto se acompaña con una banda sonora fallida. No puede ser que un trabajo que aspira a ser algo grande utilice la música para que llores más, para que te fijes más, para que si no te emocionas con la historia te emociones por narices. Todo un arranque potente e inquietante se va diluyendo en nada.
Tom Holland es el joven actor que arrastra todo el peso interpretativo de la película. No lo hace nada mal. En este caso concreto, el director Juan Antonio Bayona, hace un trabajo sobresaliente con el actor. Naomi Watts y Ewan McGregor están más discretos. No es que parezcan aburridos, pero tampoco destacan de forma especial. Es verdad que el papel de Naomi Watts era difícil ya que estar metida en el agua para actuar es siempre desagradable y dificultoso. Eso es verdad aunque no puede servir de excusa para defender el papel de forma justita. Lo emocionante no viene de las interpretaciones. Llega desde un clima que el director logra muy bien en el primer tramo de película; cuando nada es exagerado ni buscado de forma artificial.
Los que sí tienen gran mérito son los técnicos de sonido, los técnicos de efectos especiales y visuales, los peluqueros y los maquilladores. Su trabajo es excelente sin paliativos y huele a lluvia de premios.
Lo imposible es una buena película. Muy entretenida. Pero con demasiados peros. Algún día, su director se arrepentirá de haber cedido ante las ganas de hacer taquilla. Tenía un diamante entre las manos y con tanta congoja lo ha dejado caer.
© Del Texto: Nirek Sabal


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oct 16 2012

Los idus de marzo

Es una pena enfrentarse a películas que, pudiendo ser extraordinarias, se quedan en buenos trabajos. Es una pena que los riesgos que asumen algunos sean justitos. Es una pena que Los idus de marzo se quede a mitad de camino porque podría haber sido un peliculón y no llega a tanto. No podría decirse que es un propuesta fallida aunque está a punto de serlo.
Por supuesto, todo el problema llega del guión que hace aguas y esconde mucho menos de lo que, incluso el que lo escribió (el propio George Clooney), pudiera llegar a pensarse. Hay un momento de la película en el que se podría creer que Clooney va a por todas, pero no. Una lástima.
Eso sí, la factura es impecable. Una puesta en escena sobria, elegante y sin altibajos. El director deja todo en manos de los interpretes, de un buen montaje, de un operador de cámara cuidadoso y de su intuición como actor que es. En este sentido no se puede pedir más de lo que se recibe.
Todo el elenco está a la altura de las circunstancias. Entre otras cosas, porque el casting debió ser cuidadoso y, desde luego, acertado. Soy de los que piensa que teniendo un físico adecuado todo es más fácil. Y no me refiero a bellezas sino a la encarnación exacta del personaje.
Ryan Gosling defiende su personaje con credibilidad, con facilidad. Y parece disfrutar con lo que hace de principio a fin. Lo mismo sucede con Philip Seymour Hoffman, con la guapísima Evan Rachel Wood, Paul Giamatti (en su papel bastante secundario) o el mismo George Clooney.
Partiendo de aquí, de lo buena película que es desde el punto de vista técnico, la pregunta obligada es ¿qué quieren decirnos, logran decirnos lo que quieren? Aquí radica el problema porque lo que dicen ya estaba contado antes y muchas veces y desde un punto de vista parecido. Y porque el mensaje no deja de ser difuso al igual que el cierre de la trama propuesto por Clooney. Un final que pudiera parecer abierto aunque no lo es tanto puesto que los personajes se dibujan durante toda la película para que podamos intuir un solo desenlace. Además de ser algo previsible, el guión se desbarata con una subtrama que desordena toda la propuesta y la descompone para quedarse en tierra de nadie. Es estéril absolutamente. Me refiero al asunto de la becaria.
Si esta película se hubiese rodado hace algunos años el impacto hubiera sido demoledor. Hoy, no.
Habrá que quedarse con la sobriedad e inteligencia de Clooney. Habra que esperar a la próxima. A ver si arriesga algo más.
© Del Texto: Nirek Sabal


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