Frankenweenie: Un homenaje a los monstruos de siempre

Elegantemente triste. Técnicamente justa. La película de Tim Burton funciona como un enorme y exquisito tributo al cine de terror de todos los tiempos y se centra en la trama y en ese homenaje dejando los detalles técnicos en manos de la normalidad. Y no es malo. Ya está bien de tanto ordenador y de tanto 3D a costa de lo esencial del cine. Y lo esencial del cine es el espectáculo, la emoción.
En la película está Igor, los Gremlins, Vincent Price, Gozzilla, Frankenstein (por supuesto), los cementerios de siempre, la candidez de los monstruos, el terror a lo desconocido. Está todo lo que el cine de terror clásico ha ido dejando en la retina de millones de personas.
Burton consigue una historia estupenda que nos hace reír y nos hace llorar; nos hace imaginar y nos pega a una realidad que soporta todo lo necesario para que podamos seguir acudiendo a una sala de cine llena de magia.
Después de sus últimos trabajos, Burton consigue levantar la cabeza y ponerla a funcionar. Falta le hacía porque la cosa se estaba poniendo difícil incluso para sus admiradores más apegados. Con un blanco y negro acertado (artísticamente la película apestaba a esa falta de colores), una animación sencilla aunque suficiente y un guión notable, el realizador nos hace recorrer sentimientos, vivencias e imaginaciones que todos tuvimos alguna vez. Bien en el cine, bien escribiendo, bien dejando la mente libre para que llegara hasta donde quisiera.
Todo se convierte en una enorme máquina de hacer terror. Tan falso como la verdad del cine siempre nos ha permitido. Y concluye con un mensaje de exquisita relevancia: Nada es posible en este mundo si no se le echa amor al asunto. Un mensaje simple. Eso sí, nos lleva hasta ese territorio a través de una especie de montaña rusa que pasa por el susto del personaje, por la alegría, por la amargura, por el terror. Subidas y bajadas rápidas y eficaces que terminan haciendo sonreír a cualquiera, llorar a cualquiera, también.
El guión es espléndido. Deja atrás todo formalismo y todo maquillaje narrativo innecesario para centrarse en lo importante, en que los personajes vayan creciendo sin pausa. La música es espléndida por lo que matiza la acción. Tal vez la partitura por su cuenta sea algo sosa, pero en el conjunto de la película funciona a la perfección. El montaje exacto. Todo bien en este trabajo.
Es una película que pueden ver los más pequeños porque el terror que llega no es tal. Pero la tristeza sí es eso, tristeza. Más de uno puede salir llorando como una magdalena de la sala de proyección. El universo de Burton es así. Ni un final feliz es capaz de alegrar a nadie después de un baño de tristeza tan clamoroso. Aunque está muy bien que todos sepamos que al cine se va a eso, a emocionarse, a pensar tras la película, a vivir entornos tan desconocidos como familiares al mismo tiempo. Una opción estupenda para una tarde de otoño.
© Del Texto: Nirek Sabal


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