Fantasma de Buenos Aires: Camino del buen cine

Las primeras películas de un director, como las primeras novelas de un escritor, contienen todo lo que vendrá después. De una forma más torpe, esbozada o descolocada, pero todo está desde el principio. Y eso provoca que, cuando aparece un autor que aporta aire fresco, la emoción sea grande. Entre otras cosas porque son muy pocas veces las que ocurre algo así.
Guillermo Grillo se estrenó con este Fantasma de Buenos Aíres. Con buen tono, con buena proyección, marcando un camino que tiene pinta de llegar lejos. Una película que contó, casi seguro, con un presupuesto muy ajustado y terminó siendo una especie de pozo lleno de petróleo. No es que los aspectos técnicos sean sobresalientes, no es que la trama sea lo más de lo más, o que las interpretaciones dejen con la boca abierta al espectador. Nada de eso. Lo que provoca cierto júbilo es que trabajos así dejan la puerta abierta al buen cine. No todo son superproducciones estúpidas y despilfarradoras.
Fantasma de Buenos Aíres cuenta la historia de Tomás. Un muchacho apocado que se encuentra frente al espíritu de un tipo malo, pero malo de verdad, que murió en 1920. No quiero desvelar nada sobre la trama y lo dejo aquí. Lo que sí diré es que los tintes de comedia van apareciendo poco a poco y que funcionan bien. Es verdad que las subtramas son algo flojas y que alguna aparece sin razón alguna. Sobra esa tendencia última a lo sentimental. No cabía y huele a injerencia autoral.

La película, si se mira despacio y con rigor, adolece de algunas cosas importantes. A causa del presupuesto sin duda. Pero enseña una forma de hacer cine fresca y sin complejos. Los encuadres son correctos, el movimiento de la cámara tiende a la calma, la dirección actoral es más que correcta (Paula Brasca (Cecilia), Iván Espeche (Canaveri) y Estanislao Silveyra (Tomás) mantienen el tipo con suficiencia). No son actores de primera fila aunque apuntan maneras.
Lo peor es el desarrollo de la trama. Demasiadas interferencias desde asuntos sin importancia, demasiados guiños en una sola película a películas viejas. Algunas dudas que se convierten en pasos dubitativos. En fin, la película no es gran cosa en ciertos aspectos, pero es una luz que ahí queda.
Insisto; las bocanadas de aire fresco hay que recibirlas como lo que son, sin ponerse exquisito con las cosas técnicas. Al fin y al cabo el cine es divertimento, espectáculo y un rato especial en el que el ser humano mira el mundo desde una distancia maravillosa. Habrá que seguir a este director. A ver si es verdad y no se estropea cuando tenga presupuesto de sobra para contarnos las cosas.
© Del Texto Nirek Sabal


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