Take Shelter: El miedo a sí mismo

El mundo es eso que está más allá del miedo. Eso que no podemos entender si estamos atenazados por esa sensación de pérdida o muerte. Porque, al fin y al cabo, eso es el miedo.
De esto es lo que habla la película Take Shelter. Cine independiente con muy buenos momentos y con algunos que no lo son tanto. El director y guionista Jeff Nichols indaga, a través de su personaje principal, sobre las razones que nos hacen tener miedo y sobre sus consecuencias. El pasado que puede repetirse sin remedio aun siendo un desastre absoluto. El presente incomprensible que se revuelve contra uno mismo sin dejarle opción alguna. Un futuro incierto al que nos arrastra la intuición, la mentira, la paranoia o que, sencillamente, es inevitable y terrible. El miedo como conductor de toda una vida, de todo un cosmos que tiende a la desaparición.
Visualmente, la película tiene momentos magníficos. Secuencias muy acertadas que rompen un poco el ritmo narrativo. Esto, en esta película, es especialmente importante puesto que ese ritmo es excesivamente lento. El director, de forma incomprensible, se recrea en asuntos que ya conocemos alargando el metraje más de la cuenta. Este es el gran problema de la película. Los diálogos son escuetos e intentan escapar de lo explícito. Eso está muy bien aunque la sensación es la de ocultamiento de una información necesaria. Llegado el final sabemos que hubiera sido lo mismo saber o no, pero incomoda algo ese sentir que algo te escatiman.
Michael Shannon es el actor que soporta todo el peso de la trama (infravalorado por muchos cuando es un actor excelente). El trabajo es impecable. Ayuda mucho su aspecto para que acompañe el papel. Un hombre obsesionado por su pasado, incapaz de entender nada de lo que sucede, asustado porque cree conocer su futuro que se mezcla con pesadillas inaguantables. La metáfora de una sociedad que se desmorona. Por su parte, Jessica Chastain nos muestra una de sus mejores caras interpretativas. La naturalidad con la que se mueve por la pantalla es improbable. La metáfora de esa corriente social que trata de poner un punto de cordura en la realidad sin que sea posible. Shea Whigham, compañero de Shannon en la magnífica serie de televisión Boardwalk Empire, defiende muy bien su papel. Este representaría al hombre que mantiene una actitud pasiva ante lo que sucede. Tan pasiva como la hija del protagonista que, siendo sorda, no puede interpretar nada de forma completa. Como ven, el cuadro que se dibuja es el mundo actual.
El director resuelve la trama sin comprometerse. Deja dos finales alternativos. Disfraza la cosa para que sea el espectador el que saque conclusiones. Pero eso no termina de funcionar bien. Es como si todo quedase en el aire, como si las casi dos horas de proyección no hubieran servido de nada. Este es otro de los grandes problemas de la película.
En conjunto, a pesar de la lentitud con la que se presenta el trabajo, Take Shelter es una buena película. Una mezcla de géneros inquietante. Una película que nos coloca ante nuestro propio mundo y ante algo que ya hemos vivido con más o menos intensidad. Desde ese territorio llega la emoción y la reflexión.
El cine independiente americano tiene futuro. Si se piensa en él da miedo. Pero eso pasa con cualquier cosa hoy en día.
© Del texto: Nirek Sabal


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