Grupo 7: Un actor y lo demás

Son muchos los que dicen que el cine español es una castaña. Son muchos los que critican que tanta subvención hizo mucho mal a un territorio cultural movido más a golpe de talonario que otra cosa. Lo primero es falso si hablamos de cine (si hablamos de chapuzas la cosa cambia, pero en cualquier lugar del mundo lo son). Lo de las subvenciones es más cierto que falso. En cualquier caso, el cine español no es tan malo como muchos quieren que parezca.
Grupo 7 es un ejemplo de buen cine. Una dirección actoral notable (excepto Mario Casas que parece un marmolillo aunque le pongan a correr como un loco, todos los que intervienen defienden sus papeles más que bien); una iluminación de lujo; la ambientación excelente; un guión poderoso con el que los personajes van creciendo sin descanso de principio a fin; vestuario, peluquería y maquillaje sobresalientes. Alguien podría tachar de exagerado esto que digo. Sin embargo hay un factor fundamental para que no lo sea. Se llama Antonio de la Torre. Si el guión de la película contiene algunos diálogos que no llevan a ninguna parte (cosa que es verdad) el problema es menor porque pasa desapercibido estando este actor en pantalla. Si el sonido no es el mejor (cosa que es verdad) el espectador lo perdona porque Antonio de la Torre interpreta un papel que se hubiera quedado en casi nada encarnado por cualquier otro. Si las elipsis se construyen bien al principio de la película (sobre lo sabido y lo que ya ha dejado que intuyamos el director) y terminan flojeando al final (todo es más previsible) la cosa queda en una anécdota porque Antonio de la Torre actúa sin dejar que el histrionismo se apodere de él (su personaje es muy peligroso en ese sentido). Y todo esto teniendo un papel bastante limitado y tocándole bailar con la más fea en la trama porque soporta una zona expositiva falta de interés (la relación con una muchacha es frágil desde el punto de vista narrativo).
El arranque de la película es espléndido. Hasta llegar a la primera hora el ritmo es el justo. Las películas que se sostienen sobre una trama policiaca sobreviven siempre gracias a esto. Llegado ese momento, es verdad, el tono se modifica ligeramente para entrar en zonas algo gastadas que podrían haberse evitado. Y termina con una escena que me parece particularmente interesante al llenarse la pantalla de gestos que deberían haber estado durante toda la película presentes. Pero, de principio a fin, la propuesta es clara y eso es de agradecer. Gracias a un montaje muy bien concebido sabemos lo que nos dicen y para qué lo hacen.
La doble moral de los que mandan y de los que ejecutan las órdenes se enfrenta con la falta de moral de otros, de los que no quieren o no pueden tenerla. ¿Es mejor una cosa que otra? ¿Es malo delinquir para que el grueso de delincuentes vayan desapareciendo? ¿Por qué nos ponemos nerviosos sabiendo que humillan a un policía que dedica su trabajo a humillar delincuentes? ¿Quién es el bueno en todo este lío? La película, en este aspecto, se mueve en el campo de la neutralidad. Nos muestra con claridad cada lado para que podamos mirar y pensar sobre ello. No se recurren a trampas o a escatimar información que nos pueda jugar una mala pasada a los espectadores.
Una muy buena película. Un actor con una proyección incalculable. Un conjunto que deja satisfecho. Buen cine. Español para más señas. Y sin subveciones por doquier.
© Del Texto: Nirek Sabal


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