sep 8 2012

Grupo 7: Un actor y lo demás

Son muchos los que dicen que el cine español es una castaña. Son muchos los que critican que tanta subvención hizo mucho mal a un territorio cultural movido más a golpe de talonario que otra cosa. Lo primero es falso si hablamos de cine (si hablamos de chapuzas la cosa cambia, pero en cualquier lugar del mundo lo son). Lo de las subvenciones es más cierto que falso. En cualquier caso, el cine español no es tan malo como muchos quieren que parezca.
Grupo 7 es un ejemplo de buen cine. Una dirección actoral notable (excepto Mario Casas que parece un marmolillo aunque le pongan a correr como un loco, todos los que intervienen defienden sus papeles más que bien); una iluminación de lujo; la ambientación excelente; un guión poderoso con el que los personajes van creciendo sin descanso de principio a fin; vestuario, peluquería y maquillaje sobresalientes. Alguien podría tachar de exagerado esto que digo. Sin embargo hay un factor fundamental para que no lo sea. Se llama Antonio de la Torre. Si el guión de la película contiene algunos diálogos que no llevan a ninguna parte (cosa que es verdad) el problema es menor porque pasa desapercibido estando este actor en pantalla. Si el sonido no es el mejor (cosa que es verdad) el espectador lo perdona porque Antonio de la Torre interpreta un papel que se hubiera quedado en casi nada encarnado por cualquier otro. Si las elipsis se construyen bien al principio de la película (sobre lo sabido y lo que ya ha dejado que intuyamos el director) y terminan flojeando al final (todo es más previsible) la cosa queda en una anécdota porque Antonio de la Torre actúa sin dejar que el histrionismo se apodere de él (su personaje es muy peligroso en ese sentido). Y todo esto teniendo un papel bastante limitado y tocándole bailar con la más fea en la trama porque soporta una zona expositiva falta de interés (la relación con una muchacha es frágil desde el punto de vista narrativo).
El arranque de la película es espléndido. Hasta llegar a la primera hora el ritmo es el justo. Las películas que se sostienen sobre una trama policiaca sobreviven siempre gracias a esto. Llegado ese momento, es verdad, el tono se modifica ligeramente para entrar en zonas algo gastadas que podrían haberse evitado. Y termina con una escena que me parece particularmente interesante al llenarse la pantalla de gestos que deberían haber estado durante toda la película presentes. Pero, de principio a fin, la propuesta es clara y eso es de agradecer. Gracias a un montaje muy bien concebido sabemos lo que nos dicen y para qué lo hacen.
La doble moral de los que mandan y de los que ejecutan las órdenes se enfrenta con la falta de moral de otros, de los que no quieren o no pueden tenerla. ¿Es mejor una cosa que otra? ¿Es malo delinquir para que el grueso de delincuentes vayan desapareciendo? ¿Por qué nos ponemos nerviosos sabiendo que humillan a un policía que dedica su trabajo a humillar delincuentes? ¿Quién es el bueno en todo este lío? La película, en este aspecto, se mueve en el campo de la neutralidad. Nos muestra con claridad cada lado para que podamos mirar y pensar sobre ello. No se recurren a trampas o a escatimar información que nos pueda jugar una mala pasada a los espectadores.
Una muy buena película. Un actor con una proyección incalculable. Un conjunto que deja satisfecho. Buen cine. Español para más señas. Y sin subveciones por doquier.
© Del Texto: Nirek Sabal


Imagen de previsualización de YouTube


sep 8 2012

Take Shelter: El miedo a sí mismo

El mundo es eso que está más allá del miedo. Eso que no podemos entender si estamos atenazados por esa sensación de pérdida o muerte. Porque, al fin y al cabo, eso es el miedo.
De esto es lo que habla la película Take Shelter. Cine independiente con muy buenos momentos y con algunos que no lo son tanto. El director y guionista Jeff Nichols indaga, a través de su personaje principal, sobre las razones que nos hacen tener miedo y sobre sus consecuencias. El pasado que puede repetirse sin remedio aun siendo un desastre absoluto. El presente incomprensible que se revuelve contra uno mismo sin dejarle opción alguna. Un futuro incierto al que nos arrastra la intuición, la mentira, la paranoia o que, sencillamente, es inevitable y terrible. El miedo como conductor de toda una vida, de todo un cosmos que tiende a la desaparición.
Visualmente, la película tiene momentos magníficos. Secuencias muy acertadas que rompen un poco el ritmo narrativo. Esto, en esta película, es especialmente importante puesto que ese ritmo es excesivamente lento. El director, de forma incomprensible, se recrea en asuntos que ya conocemos alargando el metraje más de la cuenta. Este es el gran problema de la película. Los diálogos son escuetos e intentan escapar de lo explícito. Eso está muy bien aunque la sensación es la de ocultamiento de una información necesaria. Llegado el final sabemos que hubiera sido lo mismo saber o no, pero incomoda algo ese sentir que algo te escatiman.
Michael Shannon es el actor que soporta todo el peso de la trama (infravalorado por muchos cuando es un actor excelente). El trabajo es impecable. Ayuda mucho su aspecto para que acompañe el papel. Un hombre obsesionado por su pasado, incapaz de entender nada de lo que sucede, asustado porque cree conocer su futuro que se mezcla con pesadillas inaguantables. La metáfora de una sociedad que se desmorona. Por su parte, Jessica Chastain nos muestra una de sus mejores caras interpretativas. La naturalidad con la que se mueve por la pantalla es improbable. La metáfora de esa corriente social que trata de poner un punto de cordura en la realidad sin que sea posible. Shea Whigham, compañero de Shannon en la magnífica serie de televisión Boardwalk Empire, defiende muy bien su papel. Este representaría al hombre que mantiene una actitud pasiva ante lo que sucede. Tan pasiva como la hija del protagonista que, siendo sorda, no puede interpretar nada de forma completa. Como ven, el cuadro que se dibuja es el mundo actual.
El director resuelve la trama sin comprometerse. Deja dos finales alternativos. Disfraza la cosa para que sea el espectador el que saque conclusiones. Pero eso no termina de funcionar bien. Es como si todo quedase en el aire, como si las casi dos horas de proyección no hubieran servido de nada. Este es otro de los grandes problemas de la película.
En conjunto, a pesar de la lentitud con la que se presenta el trabajo, Take Shelter es una buena película. Una mezcla de géneros inquietante. Una película que nos coloca ante nuestro propio mundo y ante algo que ya hemos vivido con más o menos intensidad. Desde ese territorio llega la emoción y la reflexión.
El cine independiente americano tiene futuro. Si se piensa en él da miedo. Pero eso pasa con cualquier cosa hoy en día.
© Del texto: Nirek Sabal


Imagen de previsualización de YouTube