¿Y si vivimos todos juntos?: Un drama simpático

¿Qué es una comedia? Empiezo a tener grandes dudas sobre lo que la crítica de cine cataloga como comedia. Puede que apareciendo un diálogo gracioso o una situación relativamente divertida ya podamos encuadrar en el género cómico cualquier cosa que nos pongan por delante. Esa es la única explicación que encuentro para que la crítica haya considerado que ¿Y si vivimos todos juntos? pueda considerarse una comedia.
Esta producción franco-alemana, dirigida por Stéphne Robelin y protagonizada por un buen número de actores septuagenarios más que conocidos (Jane Fonda, Claude Rich, Geraldine Chaplin, Guy Bedos y Pierre Richard), pone sobre el tapete la realidad de la situación de necesidad y dependencia que se genera a medida que uno va alcanzando la edad madura, y la poca disposición (por imposibilidad, por propia voluntad) de las propias familias de ocuparse de sus mayores, colocándolos en instituciones que; puede que con una inmensa profesionalidad, pero carentes de afectividad; acaben por extinguirse y desaparecer sin hacer demasiado ruido.
La trama de la película, que bascula de lo dramático a lo ligeramente cómico, estriba precisamente en la decisión de un grupo de ancianos, amigos desde su juventud, de convivir para así, entre unos y otros, suplir las múltiples carencias y dificultades que los años les ha entregado. La convivencia entre los cinco ancianos, supervisada por un joven estudiante que prepara su tesis sobre la vejez, Dirk (Daniel Brühl), no va a ser sencilla. Una enfermedad terminal y la negativa a seguir más tratamiento para poder vivir en conciencia hasta el final, la que sufre Jeanne (Jane Fonda); Albert (Pierre Richard), el alzhéimer galopante que aísla de la realidad y angustia; Annie (Geraldine Chaplin), el alejamiento de los hijos y los nietos que se sufre desde la distancia y la incomprensión, Jean (Guy Bedos), el activismo político y social que se desmorona y con él una manera de entender, Claude (Claude Rich) la sexualidad que se apaga pese al ingenio, a las ganas y la búsqueda de alternativas porque uno sigue vivo; todas estas situaciones, que se suceden cuando todos sus protagonistas se acercan al final de su vida, son las que se ponen sobre la mesa y la forma de seguir haciendo frente a cada una de ellas.
Debo reconocer que el título escogido no es nada atractivo, por no decir que dan ganas de salir corriendo. No le hace ningún mérito a la película que, de una manera pausada, tranquila, cotidiana, aunque sin gran sorpresa, nos traslada al desconocido mundo de los ancianos. Ese mundo que el resto, los que lo ven desde fuera, pretende limitar, como si el alcance de determinada edad fuera la antesala de la pérdida de toda identidad, de la capacidad de decidir cómo uno quiere seguir viviendo.
No estamos ante una maravilla del séptimo arte, ni siquiera ante nada original, aunque las interpretaciones de todos los actores sea estupenda, pero es lo que hay. Como llevo diciendo desde hace algún tiempo, el cine, últimamente, deja mucho que desear, por muchas estrellas de relumbrón con las que se intenten salvar las producciones.
Ahí se la dejo, una propuesta que no les modificará la vida ni un ápice.
© Del Texto: Anita Noire


Imagen de previsualización de YouTube


Comentarios cerrados.