Cuestión de principios: Frente a frente

La contraposición entre lo nuevo y lo tradicional es algo muy recurrente en el arte de narrar. Al fin y al cabo, eso es la vida y no otra cosa. Todo lo bueno y lo malo de este mundo procede de ese movimiento pendular que el hombre ejercita entre el sí y el no.
En este territorio se maneja Rodrigo Grande, director de Cuestión de principios, que indaga, desde el costumbrismo más amable, en esas situaciones en las que el cambio intenta arrasar lo cotidiano para instalarse en huecos viejos. El guión de la película es adaptación de un relato de Roberto Fontanarrosa (guionista junto al director) en el que se aprovecha esa mirada a la realidad tan apacible del autor. El asunto que se trata es si las cosas tienen precio o no, el péndulo desde la honradez al lado contrario. Es evidente que todo lo tiene para cualquier ser humano. Y es precisamente eso lo que utilizan los guionistas para intentar decorar la realidad con un punto de nostalgia, de honestidad y bondad.
Federico Luppi defiende su papel de forma notable (un empleado a punto de jubilarse que prefiere tener una buena calidad de vida en lugar de un cargo importante que, por otro lado, nunca llega). Entre tosco y adorable llena la pantalla desde el primer momento. Le acompaña Norma Aleandro iluminando a un personaje con grandes claroscuros (el de Luppi) que crece gracias al que interpreta ella. También el trabajo de Luppi mejora. Pablo Echarri es el que intenta convencer desde la piel de un ejecutivo que agarra el cambio como bandera en la empresa. Es el motor de la acción aunque como personaje no vale mucho. Echarri tampoco parece tener ganas de mejorar las cosas con un trabajo bastante normalito.
Amor verdadero frente a capricho. Amistad frente a interés. Dinero fácil frente a la comodidad que ofrecen los logros honestos y trabajados.Todo frente a lo opuesto o a lo que se aleja. Un empleado que intenta luchar contra el joven que arremete con sus conocimientos, con su cinismo; la lucha romántica por mantener la integridad y, sobre todo, la sabiduría del viejo frente a la crueldad de la falta de experiencia disfrazada de inteligencia. Un empleado que debe justificar una vida llena de normalidad frente a todos los que le piden lujos e imposturas absurdas.
La película es agradable, tiene un ritmo narrativo muy logrado,aunque estando en la mesa de montaje Miguel Pérez es cosa normal, y está llena de referencias al mundo del cine. Algunas algo difíciles para los espectadores no avisados y otras evidentes como, por ejemplo, la conversación que se produce en el office de la empresa entre empleados al comenzar la proyección. La música, sin ser monumental, logra acompañar la acción marcando los contornos precisos.
Cuestión de principios es algo previsible. Todo hay que decirlo. Sabemos que lo bueno debe tener buen final. Y no sabemos cómo será exactamente ese desenlace intuimos que se producirá. Y eso convierte en un pequeño exceso los 115 minutos de proyección.
Pero, en conjunto, la película se deja ver. Es buen cine aunque no gran cine; algo que en los tiempos que corren no es poco,
© Del Texto: Nirek Sabal


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