Manolete: Carencias y fotografía

Doce personas en una sala de cine inmensa no son demasiadas personas, pero ese, y no otro, era el número de individuos que, sentados al fresco del aire acondicionado, esperábamos el inicio de Manolete, la película que Menno Menjes dirigió en el año 2006, y que no ha conseguido ver la luz en España hasta hace unos pocos días.
Las críticas la ponen fatal, a caer de un burro, hablan de malas interpretaciones, de tópicos hasta la bandera, de parodia sin par; sin embargo Manolete no es una mala película; creo, con honestidad, que es una película que cumple bien su función de entretener, de contarnos una historia y mostrarnos, mediante una fotografía preciosa, que mezcla metrajes de los años 40 con la filmación actual, el momento puntual de la vida de un torero. Pero, contrariamente a lo que pudiera parecer, no estamos frente a una película de toros y toreros, pese a que el atrezzo de la misma sea precisamente ese, sino ante una película que habla de la pasión de un hombre por una mujer y que, por mor de la misma, termina muriendo.
El apasionado romance entre el torero Manolete y la actriz/cantante Lupe Sino centra el argumento de la película, siendo completamente secundarias las ocupaciones de uno y otra. Sin embargo, omitir la existencia del mundo del toro tras esta historia , como nexo causal en esta película, sería demasiado simple.
Ignoro, cuales son los motivos por los que la crítica ha sido tan feroz con esta película. La que escribe, a la que el mundo de los toros siempre le ha producido una enorme curiosidad y cuya estética (a pesar de los antitaurinos) le parece de una plástica y belleza feroz, esta película no le disgusta en absoluto, ha pasado un buen rato y ha disfrutado, mucho, con algunas escenas de la misma.
Puede que reciba críticas por parte de los antitaurinos y puede que las reciba también por parte de los taurinos, pero como les digo, si no perdemos de vista que el argumento de la película no se centra en el mundo del toro, sino en el de dos seres humanos absorbidos por una pasión desmedida, hay que quedarse con las bellas estampas de algunos momentos en los que hombre y toro se encuentran frente a frente.
La ambientación y recreación de la época de posguerra española, donde convive la miseria y la opulencia de algunos, a través de un vestuario ajustadísimo, de unos decorados que reproducen casi fielmente el estado de las enfermerías de las plazas de toros en los años 40, del mismo Chicote en Madrid, de las corralas, de la miseria en la que algunos vivían y de los personajes que conviven a la sombra de los toreros (lo cual podrán comprobar si se hacen con algunas fotografías de la época), es estupenda, lo mismo que la música de que se acompaña a lo largo de toda la película (sólo suprimiría la inicial canción que abre la filmación A las cinco de la tarde) y corregiría el gazapo musical de colocar el pasodoble Las campanas de Linares abriendo una corrida de Manolete precisamente en Linares, cuando la pieza se escribió con posterioridad a la muerte del torero, precisamente, en la Plaza de Toros de Linares.
Por último, referirnos a las interpretaciones de Adrien Brody en el papel de Manolete que, pese a lo que se diga, es superior, no sólo por el gran parecido físico que en algunas escenas da, sino porque es capaz de transmitir la sensación de desamparo y miedo de una manera absolutamente perfecta. En cuando a Penélope Cruz, en su papel de Lupe Sino, se encuentra el pero, y es que por mucho que lo intenta, nunca se consigue ver a otra que no sea la propia Sra. Cruz y aquí, en ese papel entre mujer apasionada, entregada y perdida, sigue sin conseguir ser creíble. Por la película también aparecen como mozo de estoques Santiago Segura, en una interpretación anodina, sin más; y Juan Echanove en su papel Pepe Camará, como apoderado de Manolete está creíble, pasable. Y lamentable, muy lamentable, la interpretación de Nacho Aldeguer en su papel del joven Dominguín.
Como ya he dicho, que nadie busque una película sobre el toreo, sobre Manolete en sí mismo, ni sobre Lupe Sino, porque estos tres elementos sólo son un excusa para narrar, como he dicho, una historia de amor que no puede tener más que un trágico final.
Olviden los prejuicios y no se pierdan una película que pese a sus grandes carencias, que las tienes, nos ofrece fotografía estupenda, unas imágenes del toro en el campo, del cara a cara del animal frente al hombre, del atronador clamor del toro escarbando a punto de embestir y en definitiva, un mundo en imágenes enormemente desconocido.
Se la recomiendo, sin pretensiones.
© Del texto: Anita Noire


Imagen de previsualización de YouTube


Comentarios cerrados.