Madagascar 3 (De marcha por Europa): ¿Otra vez lo mismo?

Las secuelas de las películas de animación se parecen tanto unas a otras que se vacían a sí mismas y a la primera entrega. Esto comienza a ser como un chiste contado más de dos veces. La primera puedes reír. La segunda todo parece ridículo.
Los animalitos de otras entregas están en África. Esperan el regreso de los pingüinos para volver a Nueva York. Así comienza la cosa. Salvo un par de golpes francamente divertidos el resto ya se lo saben (no hace falta que se lo cuente ni que acudan a la sala de proyección; ni siquiera es necesario haber visto las dos partes anteriores). Y la cosa es aburrida. Mucho alboroto para que los pequeños no se enteren de mucho. Eso es lo que encierra esta tercera entrega de Madagascar. Por supuesto, los diálogos son demasiado irónicos para los niños pequeños y demasiado previsibles para los papás de esos niños. El villano (en este caso villana) excesivamente idiota. Ella y todo su equipo. Los personajes son los estereotipos a los que nos tienen acostumbrados en esta serie y muchas más. El sensato, el chivato, el gracioso, el loco de atar, etc. El guión es un despropósito monumental. Debe ser que han decidido que el cine de niños puede serlo (un despropósito) y tratan de colar algunas cosas que no se tragan ni los bebés. Son pequeños. No son tontos.
Pues bien, esto es Madagascar 3 (De marcha por Europa). Por cierto, casi todo ocurre lejos del viejo continente.
Una película prescindible que es mejor ver en vídeo cuando llegue el momento. Si no hay otra cosa mejor que hacer, claro. Y, ahora, voy a hacer cualquier cosa que no sea perder más tiempo con este paquete.
© Del Texto: Nirek Sabal


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