Qué esperar cuando estás esperando: Risas baratas made in Hollywood

Algunas películas están hechas para entretener, sin ninguna vocación artística, un producto de consumo rápido, fácil de digerir y rápido de olvidar. Tan rápido que, como es mi caso, quieres escribir sobre esas películas, debes hacerlo antes de que transcurran 48 horas pues, de lo contrario, corres el riesgo, más que seguro, de olvidar no sólo los detalles de lo visto, sino de olvidar incluso la existencia de esa película que durante un par de horas te tuvo sentado frente a una pantalla.
A este grupo de películas pertenece Qué esperar cuando estás esperando. Ustedes me disculparán si no puedo darles demasiadas explicaciones en relación a la misma, pero es que hoy es martes y servidora fue al cine el sábado por la noche, por lo que mi memoria cinematográfica está a punto de expirar.
Qué esperar cuando estás esperando es una película graciosa, mucho, que muestra cuatro maneras de esperar la llegada de un hijo. Wendy (Elisabeth Banks), una mujer desesperada por quedar embarazada, que calcula al segundo su fertilidad y que, una vez conseguido el embarazo, ese estado ideal que tanto ansía y centra su vida, descubre que el lucimiento de una barriga considerable y unos pechos portentosos como pasaporte a una maternidad ambicionada se acompaña de rampas en las piernas, flatulencias incontroladas, cambios de humor dignos de convertirse en una montaña rusa, una auténtica tortura. Jules (Cameron Díaz), una entrenadora personal, estupenda, fibrada, directora de un programa de adelgazamiento y participante en un exitoso programa televisivo de baile, queda embarazada sin pensar en ello de su pareja de baile y descubre, con su estado, que la autosuficiencia y la independencia nada tiene que ver con la compañía y la responsabilidad a la hora de tener un hijo. Rosie (Anna Kendrich), una joven que en un mal polvo (o bueno) queda embarazada de quien la dejó plantada años antes en el baile de fin de curso. Un embarazo sorpresivo que une aparentemente lo poco sólido y cuya pérdida pondrá a prueba la solidez de unos sentimientos que retornan casi por sorpresa. Holly (Jennifer López), una fotógrafa sin un duro y sin apenas trabajo que se embarca en una adopción ante la imposibilidad de tener un hijo. Y junto a ellas, las respectivas parejas que en la película (Matthew Morrison, Brooklyn Decker, Ben Falcone, Rodrigo Santoro, Dennis Quaid), tienen un papel colateral del que se podría prescindir totalmente y que, si el director les da cabida, es para mayor lucimiento de las actrices que, de modo coral, muestran estos embarazos tan poco naturales. Sin embargo, lo cierto es que, el papel segundón que el factor masculino tiene en la película, es al que los mismos personajes se relegan en su papel de padre en la misma filmación. Lo anterior, sin embargo, no priva de que algunos de los momentos más graciosos en el desarrollo de esta trama (más simple que el mecanismo de un chupete) se produzca precisamente en la reunión que cada sábado tienen un grupo de padres en sus encuentros en el parque.
Una comedia dirigida por Kirk Jones (Todo está bien) que no pasará a los anales del cine, pero que les ayudará a pasar una tarde/noche entretenida, que les arrancará alguna que otra carcajada pero que pone en evidencia que con cualquier cosa se hace una película y que Cameron Diaz empieza a estar un poco marrajita y comienza a estar cansina en su eterno papel de madurita buenorra, que Elisabeth Banks es una auténtica fiera un tanto desaprovechada.
Pese a todo, véanla, con que está cayendo no vienen mal unas risas aunque sean tan efímeras como las de esta peliculita made in Hollywood y a fin de cuenta estamos en verano.
PD.: Lo que estas esperando cuando esperas es dejar de esperar. Sólo eso.
© Del texto: Anita Noire


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