El caballero oscuro: la leyenda renace

Cuando preparo artículos sobre películas de cine suelo escribir en una cuartilla lo que me ha parecido notable y en otra lo que he recibido como desastroso. Generalmente, uno de los papeles suele quedar lleno de anotaciones y el otro escaso. A veces, en uno está todo y en el otro nada. Hoy, los papeles están completos. Debe ser que El caballero oscuro: la leyenda renace, al ser el final de una trilogía hace que me sienta entre dos aguas; la pena por dejar atrás buen cine, la alegría de saber que esto se acaba y no va a ir a peor. Debe ser que me siento obligado a hablar de cine con seriedad y que, al mismo tiempo, sigo la obra de Christopher Nolan con mucho interés y, tal vez, tiendo a no querer ver los defectos de su cine. Debe ser algo de eso. Porque no es normal que una película te deje clavado en el asiento y, al mismo tiempo, te chirríen cosas por aquí, por allá, por delante y por la espalda. Casi tres horas de proyección en la que se acumulan todo tipo de cosas. Eso sí, tres horas sin dejar de mirar la pantalla.
La película es previsible en su conjunto. Cualquier espectador sabe lo que va a ocurrir. Eso pueden darlo por seguro. Y, mucho peor, cuando no se intuye la acción es porque el giro en la trama es desproporcionado, casi pueril y una vuelta de tuerca que no deja satisfecho a un espectador que necesita una mínima coherencia en la propuesta que le presentan. Por ejemplo (no teman, no pienso desvelar nada) el villano, que durante gran parte de la película funciona muy bien, se diluye gracias a uno de esos malabares en el guión que quieren llenar de luz y de color la película. Se quieren solucionar problemas narrativos con artificios que no sirven para remediar nada de nada. Es este un problema que se arrastra desde el diseño de los personajes (muchos y nuevos en la trilogía) que quedan más bien planos. El sentido, que llega siempre desde ese dibujo del personaje y desde lo que dice o escucha (otro problema de la película son los diálogos) se resiente haciendo que la cosa se tambalee peligrosamente. Pues bien, todo esto convierte la película, por momentos, en cine que se llena de lo que ya sabemos que va a pasar.
El montaje no termina de cuajar. Destroza el ritmo narrativo con acelerones que llevan a paradas excesivas. Las elipsis son muy numerosas e innecesarias. Otro defecto y este es importante.
Como ya digo, los diálogos son excesivamente superficiales. Aunque es casi una buena noticia porque los intentos de profundizar terminan siendo tediosos y el discurso de los personajes se convierte en una clase sobre lo que hablan que resulta un chiste. Lo que quieren los hermanos Nolan (hablo en plural puesto que comparten el guión) es plantear una bajada a los infiernos del que el ser humano no es capaz de escapar y, de paso, intentan mezclar eso con el desastre que vivimos en el mundo real gracias a la especulación. Pero todo queda a medias y tierra de nadie. La fuerza del diálogo no aparece para ayudar en el intento. Una pena.
Un buen número de pegas, como pueden imaginar, que convertirían cualquier película en un fracaso rotundo. Pero hablamos de Batman y hablamos de Nolan. Ahora las buenas noticias.
El espectáculo es fascinante. Y el cine debe serlo.
Se ha dicho que la música es repetitiva y excesiva. Falso. Hans Zimmer hace un excelente trabajo. Muy en la línea de lo que suele presentar. Es verdad que en algunos momentos la resonancia de la partitura no deja escuchar lo que dicen los personajes (afortunadamente), pero eso es un problema de sonido. Acompaña bien la acción y logra algo fundamental en esta película: construye (ayuda mucho) un clima excelente. Esta es una de las fortalezas de la propuesta. Desde el principio el universo se construye sin fisuras. La lástima es que el guión se enrede sobre sí mismo buscando zonas faltas de interés o artificiales.
Vestuario, maquillaje y peluquería, estupendos.
Efectos visuales y especiales grandiosos. Lógicamente, la película se llena de ellos. Más que nada para tapar las faltas que he apuntado. Les garantizo que estos efectos dejan boquiabierto a cualquiera.
Nolan no abusa de movimientos nerviosos de la cámara. En todo momento podemos apreciar lo que pasa. No deja que lo alocado de algunas escenas impidan poder seguir la acción desde las imágenes. Y era algo difícil de conseguir. Hay escenas muy largas y muy complejas que remata con acierto.
La dirección actoral no está mal. No es que sea una clase magistral, pero todos están bien en sus papeles. Christian Bale parece haber entendido que una película de acción es algo muy concreto y se deja llevar para conseguir una buena interpretación. El resto correctísimos. Ahora bien, he de decir que Anne Hathaway está maravillosa. Las Cats anteriores que se vayan buscando otra cosa. Sensual, sexy, guapa e interpretando su papel sin dejarse llevar hasta el histrionismo de una coreografía que hubiera desembocado en él si no fuera por esta mujer.
La puesta en escena es grandiosa. Y la fotografía es muy buena.
Como ven no faltan las buenas noticias. Y son buenas de verdad. Les voy a confesar una cosa: no me importaría volver a ver esta última entrega de la trilogía. Porque es divertida y son tres horas disfrutando del cine. No de una obra maestra, pero de cine.
Una última cosa. El final de la película abre la puerta a más. Ya verán a lo que me refiero. A mí no me importaría en absoluto.
© Del Texto: Nirek Sabal


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