Ice age 4: La formación de los continentes

Ya van cuatro y son todas iguales. Casi iguales. Muy parecidas. Similares. Cuatrillizas. Genéticamente compatibles en un 95%. En fin, más de lo mismo en cada entrega.
Cambian algunos personajes, los diálogos se modifican (mucho menos de lo que puede parecer) y el resto es un calco de lo visto. Pero es divertido. Eso no se puede negar.
La animación es cosa de niños. Al menos, eso debería ser. Pero nada más lejos de la realidad. Ice age 4 es para todo el que se siente frente a la pantalla. Tiene escenas disparatadas que hacen reír a los niños porque, además, se incluye vocabulario escatológico o que tiene que ver con vómitos o amores tiernos (estas cosas funcionan muy bien entre los pequeños). Y tiene escenas más de guiño que otra cosa que hace sonreír o reír a los adultos mientras los niños miran atónitos a los padres que parecen estar locos de remate. Si papá paga y acompaña al crío al cine debe salir satisfecho o no volverá a a suceder. Los señores de la industria del cine se las saben todas. Por tanto, la película la puede ver cualquiera. Y cualquiera pasará un buen rato con estos animalitos prehistóricos y sus aventuras.
Técnicamente, la película está muy lograda. Realizar una película de animación con un presupuesto alto y hacerlo mal es casi imposible. Otra cosa es que el guión sea nefasto o no se acierte con el personaje. Pero la técnica permite hacer cosas completamente increíbles a estas alturas. Es decir, esa zona de espectáculo que debe ofrecer cualquier película de cine, está más que garantizado.
Se repiten personajes. Clásicos que siempre aparecen en las películas desde los años ochenta con una regularidad aplastante. Mezcla de sensatez y locura, de inteligencia e idiotez, de amor y maldad. Estas características se reparten entre los personajes y en cada uno de ellos sobresale una de ellas. En la animación los personajes no tienen mucho de complejos. Lógicamente. Se repiten aventuras y se cambian los escenarios. El villano cambia de aspecto, de número, pero nunca deja de ser tan malo que parece una persona de carne y hueso. Una trama trepidante, casi de locos. Es decir, un calco de otro calco. Y así, hasta llegar a la primera de las películas animadas.
En esta ocasión, la excusa es la formación de los continentes y el desastre que se produjo. Podría haber sido, qué se yo, la caída de un meteorito o la aparición de un cementerio de mamuts. Eso es lo de menos. Todo en esta película se sostiene sobre diálogos disparatados, golpes en el cráneo imposibles de aguantar, carreras vertiginosas y cosas así. Hasta alguna referencia a La Odisea de Homero presenta la película. Un toque culto, digo yo. El caso es es que todo el que mire la pantalla tenga un punto de anclaje.
En fin, una película divertida y repetida. Un buen rato con los niños que se lo pasan más que bien. Poco más aunque suficiente. y más no se puede decir de algo que trata de ser entretenido. Sólo eso, que lo es.
© Del Texto: Nirek Sabal


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