La delicadeza: Excelente propuesta que fracasa

Cuando en una película podemos prescindir del argumento, de los hechos que se suceden en la misma, y la podemos construir a partir de gestos, es que algo está ocurriendo, algo que va más allá de lo estrictamente argumental. La delicadeza es una película dirigida por David Foenkinos y protagonizada por Audrey Tautou y François Damiens. La bella y la bestia delicada que permite la recuperación de la bella que sufre el golpe mortal de una pérdida definitiva. Y por medio, una amiga incondicional que a la hora de la verdad no lo es tanto, Sophie (Josephine de Meaux) y un jefe rendido a los pies de la inaccesible doliente, Charles (Bruno Todeschini)
Es sin duda una película muy irregular, que tiene algunos golpes geniales, que combina momentos de una intensidad dramáticos con unas pinceladas de humor que permite a la película sobrevivir, y bascular del tedio al interés; pero, esa misma irregularidad, la injustificada combinación de alucinaciones del pasado con dolorosa realidad, la transforma, por una mala utilización de los elementos en algo poco creíble. Existen muchos interrogantes a lo largo de toda la trama y uno no llega a comprender cuál es el motivo, o qué es lo que acerca a la delicada y perdida Natalie, al anodino, inexpresivo, y soso Markus. Dejar ese interrogante abierto, los inexplicables saltos hacia delante en determinados momento, entre otros meandros extraños, hacen que el film cojee y la narración se convierta en inverosímil dejando al espectador sin capacidad para rellenar esos huecos.
Puede que la historia sea conmovedora y permita reflexionar sobre las segundas oportunidades, del valor de lo emocional sobre lo absolutamente superficial. Sobre la necesidad de ser extremadamente delicados con los momentos dolorosos de otro. Pero esa historia que podía haber sido maravillosa, conjugarse bajo dos actuaciones excepcionales, se convierte en extraña cuando el director convierte a la doliente Natalie en un reflejo de Amelie, aquel otro personaje que hizo mundialmente famosa a Audrey Tautou. En este punto la película pierde autenticidad y en un poco agradecido calco, con lo que pierde mucho en sí misma. Los elementos fantásticos y la elaboración del contenido de aquella original película casan fatal con esta historia y el error del director es, en este punto, garrafal.
La ambientación es deliciosa y es difícil substraerse al encanto de París. Ahí el director juega con ventaja aunque, sin embargo, pese a algunos momentos musicales que podrían considerarse deliciosos, también en este punto la filmación flojea y no porque la banda sonora creada por Émilie Simon no sea buena sino porque tiene difícil encaje en la historia.
Sin embargo y pese a ello, puede ser una opción para pasar unas horas en el cine, al fresco, disfrutando de la inalcanzable nuca de Tautou, de los eternos silencios y medidas perdidas, de los delicados gestos de sus protagonistas, de una Torre Eiffel espléndidamente iluminada, de la vista de esos apartamentos de gran ciudad que parecen concebidos para personas de vidas profundas e intentas que en nada se asemejan a la nuestra; para pensar en como sobrellevar la muerte de aquel al que no se ha amado sino que se ha convertido en el eje de nuestra vida. De lo decepcionante de las actitudes de los que creíamos eran un sostén, de la falta de empatía en algunos casos.
Me guardo una frase extraída de una conversación sostenida entre Markus y Charles y la conclusión de Markus cuando reconoce que lo mejor de Natalie es que ha conseguido extraer de él su mejor versión. Y es que en definitiva eso es el amor, creo.
PD: Si leen por ahí que es una comedia romántica, pues como que no, sinceramente.


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