El topo: Debilidades y más debilidades

John le Carré es un escritor excelente. Pocos autores saben dibujar personajes con tanta maestría. Y menos son capaces de hacer que estos evolucionen con un movimiento, un gesto, un tropiezo. John le Carré es capaz de mover una trama entera desde un rasgo que para otros no tiene importancia o son incapaces de percibir como parte del universo del personaje. Es un maestro y escribió, entre otras novelas, El topo.
Tomas Alfredson, un buen director, ha sido el encargado de filmar la película basada en la novela de le Carré (productor ejecutivo, además; por lo que no ha hecho el trabajo cualquiera). Y el resultado es estupendo. Un movimiento de cámara preciso, un vestuario magnífico, un montaje extraordinario y poco reconocido por la crítica y un guión inteligente (aunque es una adaptación de una novela, los guionistas Bridget O’Connor y Peter Straughan logran escapar de lo literario con éxito). La película es una propuesta exigente y no se podían cometer errores en estos campos. Ni, por supuesto, en la dirección actoral. Es magnífica. Todos están bien. Todos. Pero lo de Gary Oldman es una cosa de locos. Extraordinario, sin sobrepasar los límites en ningún momento (el papel podría haber quedado más bien soso y no es así ni parece que pudiera serlo un solo minuto).
La película está llena de matices que llegan de lo sugerido. Las relaciones entre los personajes se intuyen a través de una mirada, de un ademán, de un pequeño detalle. Y todo se explica desde ese lugar. Todo se explica y cada cosa explica el resto. Además, las debilidades de cada personajes irán construyendo sus mundos. De esto va la película, de eso y, por tanto, de la posibilidad de ser el culpable en cualquier momento de nuestras vidas. Es verdad que el espionaje es el motor de la trama, pero la esencia es la debilidad humana. El espionaje nos lo muestran con claridad en forma de trama; las debilidades nos las sugieren para que entendamos, para que podamos interpretar. Una forma de narrar especialmente atractiva y al alcance de pocos. Una forma de narrar como debe ser.
El topo es la historia de varios componentes del servicio de inteligencia británico durante la guerra fría. Uno de ellos es un traidor que trabaja para los rusos, que es agente doble. Smiley (personaje fundamental en la obra de le Carré) será el encargado de desenmascarar la verdad. La gracia es que él es uno de los señalados por Control. Todo se desarrolla entre elipsis, idas y venidas en el tiempo, rupturas espacio temporales que obligan al espectador a estar atento y montar un puzzle en el que faltan piezas que irán apareciendo. Pero aparecen sin trampas, sin utilizar la información de forma ventajista. La película está muy bien planteada y rematada de maravilla. Como la novela original. Por cierto, la música de Alberto Iglesias es impecable.
Esta es una película de gran nivel. Por el trabajo de los actores y actrices, por la idea original, por cómo está contada, por cómo se pone en escena. Por todo. Es una película que pueden ver todos los miembros de la familia (los niños pequeños no la entenderían, pero los jóvenes quedarán satisfechos). Y es una película con la que se reivindica el cine de calidad y no la explosiones ni los ordenadores. No se la pierdan.
© Del Texto: Nirek Sabal.


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