La dama de hierro: La mujer de mis sueños

Francamente, la vida de Margaret Thatcher no me interesa nada de nada. Ni lo que hizo, ni lo que dejó de hacer, ni si ha perdido la cabeza en los últimos años. Es lo que se viene llamando indiferencia absoluta. Lo que sí me fascina es ver películas en las que Meryl Streep interpreta sea lo que sea. Incluso en las que interpreta el papel de Margaret Thatcher. Es lo que se viene conociendo como fanatismo o enamoramiento perpetuo.
La dama de hierro es una película que relata la vida de esta señora británica. Pero termina siendo una clase magistral de interpretación a cargo de la señora Streep. A eso se reduce el trabajo de Phyllida Lloyd que elige a la actriz (de forma astuta) sabiendo que no tiene nada más que ofrecer. Si alguien quiere encontrar algo en el fondo de esta película que ni lo intente. Si alguien quiere encontrar elementos técnicos que sobresalgan haciéndose importantes que dedique sus esfuerzos a otra cosa. Esto va de Meryl Streep y su maquilladora.
El guión es una castaña. Pero Meryl (¡te queremos Meryl!) salva todo actuando. La propuesta no se conoce ni se conocerá porque bien podría haber sido un Informe semanal y hubiera sido lo mismo. Pero Meryl (¡eres la mujer de mis sueños Meryl aunque te caractericen de Thatcher!) llena la pantalla y convierte la nada en ella misma (algo maravilloso, por cierto). Nada es emocionante en esta película salvo ver a una de las mejores actrices de todos los tiempos.
Bueno, la cosa va de la vida de una señora que se dedicó a repartir estopa en medio mundo. Ya se lo saben ustedes, así que no les canso con resúmenes de tramas. Hacia el final, la directora hace un intento desesperado por encontrar la lágrima fácil del espectador aunque no lo consigue. Porque todos están pendientes de otra cosa. De la señora Streep. Es decir, la película no vale la pena. De principio a fin. Es una pena que un trabajo tan extraordinario de la actriz principal se quede sepultado entre tanta mediocridad y debajo de una historia que no le interesa a nadie. Al menos, nuestra querida Meryl fue premiada con un Óscar. Algo es algo. Desde luego que te premien cuando la película es tan floja es difícil.
En fin, que si quieren disfrutar de una actuación prodigiosa ya saben lo que tienen que ver. Pero del resto ya he avisado. A mí, plim.
© Del Texto: Federico de Vargas y Expósito


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