jul 25 2012

Qué esperar cuando estás esperando: Risas baratas made in Hollywood

Algunas películas están hechas para entretener, sin ninguna vocación artística, un producto de consumo rápido, fácil de digerir y rápido de olvidar. Tan rápido que, como es mi caso, quieres escribir sobre esas películas, debes hacerlo antes de que transcurran 48 horas pues, de lo contrario, corres el riesgo, más que seguro, de olvidar no sólo los detalles de lo visto, sino de olvidar incluso la existencia de esa película que durante un par de horas te tuvo sentado frente a una pantalla.
A este grupo de películas pertenece Qué esperar cuando estás esperando. Ustedes me disculparán si no puedo darles demasiadas explicaciones en relación a la misma, pero es que hoy es martes y servidora fue al cine el sábado por la noche, por lo que mi memoria cinematográfica está a punto de expirar.
Qué esperar cuando estás esperando es una película graciosa, mucho, que muestra cuatro maneras de esperar la llegada de un hijo. Wendy (Elisabeth Banks), una mujer desesperada por quedar embarazada, que calcula al segundo su fertilidad y que, una vez conseguido el embarazo, ese estado ideal que tanto ansía y centra su vida, descubre que el lucimiento de una barriga considerable y unos pechos portentosos como pasaporte a una maternidad ambicionada se acompaña de rampas en las piernas, flatulencias incontroladas, cambios de humor dignos de convertirse en una montaña rusa, una auténtica tortura. Jules (Cameron Díaz), una entrenadora personal, estupenda, fibrada, directora de un programa de adelgazamiento y participante en un exitoso programa televisivo de baile, queda embarazada sin pensar en ello de su pareja de baile y descubre, con su estado, que la autosuficiencia y la independencia nada tiene que ver con la compañía y la responsabilidad a la hora de tener un hijo. Rosie (Anna Kendrich), una joven que en un mal polvo (o bueno) queda embarazada de quien la dejó plantada años antes en el baile de fin de curso. Un embarazo sorpresivo que une aparentemente lo poco sólido y cuya pérdida pondrá a prueba la solidez de unos sentimientos que retornan casi por sorpresa. Holly (Jennifer López), una fotógrafa sin un duro y sin apenas trabajo que se embarca en una adopción ante la imposibilidad de tener un hijo. Y junto a ellas, las respectivas parejas que en la película (Matthew Morrison, Brooklyn Decker, Ben Falcone, Rodrigo Santoro, Dennis Quaid), tienen un papel colateral del que se podría prescindir totalmente y que, si el director les da cabida, es para mayor lucimiento de las actrices que, de modo coral, muestran estos embarazos tan poco naturales. Sin embargo, lo cierto es que, el papel segundón que el factor masculino tiene en la película, es al que los mismos personajes se relegan en su papel de padre en la misma filmación. Lo anterior, sin embargo, no priva de que algunos de los momentos más graciosos en el desarrollo de esta trama (más simple que el mecanismo de un chupete) se produzca precisamente en la reunión que cada sábado tienen un grupo de padres en sus encuentros en el parque.
Una comedia dirigida por Kirk Jones (Todo está bien) que no pasará a los anales del cine, pero que les ayudará a pasar una tarde/noche entretenida, que les arrancará alguna que otra carcajada pero que pone en evidencia que con cualquier cosa se hace una película y que Cameron Diaz empieza a estar un poco marrajita y comienza a estar cansina en su eterno papel de madurita buenorra, que Elisabeth Banks es una auténtica fiera un tanto desaprovechada.
Pese a todo, véanla, con que está cayendo no vienen mal unas risas aunque sean tan efímeras como las de esta peliculita made in Hollywood y a fin de cuenta estamos en verano.
PD.: Lo que estas esperando cuando esperas es dejar de esperar. Sólo eso.
© Del texto: Anita Noire


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jul 24 2012

El caballero oscuro: la leyenda renace

Cuando preparo artículos sobre películas de cine suelo escribir en una cuartilla lo que me ha parecido notable y en otra lo que he recibido como desastroso. Generalmente, uno de los papeles suele quedar lleno de anotaciones y el otro escaso. A veces, en uno está todo y en el otro nada. Hoy, los papeles están completos. Debe ser que El caballero oscuro: la leyenda renace, al ser el final de una trilogía hace que me sienta entre dos aguas; la pena por dejar atrás buen cine, la alegría de saber que esto se acaba y no va a ir a peor. Debe ser que me siento obligado a hablar de cine con seriedad y que, al mismo tiempo, sigo la obra de Christopher Nolan con mucho interés y, tal vez, tiendo a no querer ver los defectos de su cine. Debe ser algo de eso. Porque no es normal que una película te deje clavado en el asiento y, al mismo tiempo, te chirríen cosas por aquí, por allá, por delante y por la espalda. Casi tres horas de proyección en la que se acumulan todo tipo de cosas. Eso sí, tres horas sin dejar de mirar la pantalla.
La película es previsible en su conjunto. Cualquier espectador sabe lo que va a ocurrir. Eso pueden darlo por seguro. Y, mucho peor, cuando no se intuye la acción es porque el giro en la trama es desproporcionado, casi pueril y una vuelta de tuerca que no deja satisfecho a un espectador que necesita una mínima coherencia en la propuesta que le presentan. Por ejemplo (no teman, no pienso desvelar nada) el villano, que durante gran parte de la película funciona muy bien, se diluye gracias a uno de esos malabares en el guión que quieren llenar de luz y de color la película. Se quieren solucionar problemas narrativos con artificios que no sirven para remediar nada de nada. Es este un problema que se arrastra desde el diseño de los personajes (muchos y nuevos en la trilogía) que quedan más bien planos. El sentido, que llega siempre desde ese dibujo del personaje y desde lo que dice o escucha (otro problema de la película son los diálogos) se resiente haciendo que la cosa se tambalee peligrosamente. Pues bien, todo esto convierte la película, por momentos, en cine que se llena de lo que ya sabemos que va a pasar.
El montaje no termina de cuajar. Destroza el ritmo narrativo con acelerones que llevan a paradas excesivas. Las elipsis son muy numerosas e innecesarias. Otro defecto y este es importante.
Como ya digo, los diálogos son excesivamente superficiales. Aunque es casi una buena noticia porque los intentos de profundizar terminan siendo tediosos y el discurso de los personajes se convierte en una clase sobre lo que hablan que resulta un chiste. Lo que quieren los hermanos Nolan (hablo en plural puesto que comparten el guión) es plantear una bajada a los infiernos del que el ser humano no es capaz de escapar y, de paso, intentan mezclar eso con el desastre que vivimos en el mundo real gracias a la especulación. Pero todo queda a medias y tierra de nadie. La fuerza del diálogo no aparece para ayudar en el intento. Una pena.
Un buen número de pegas, como pueden imaginar, que convertirían cualquier película en un fracaso rotundo. Pero hablamos de Batman y hablamos de Nolan. Ahora las buenas noticias.
El espectáculo es fascinante. Y el cine debe serlo.
Se ha dicho que la música es repetitiva y excesiva. Falso. Hans Zimmer hace un excelente trabajo. Muy en la línea de lo que suele presentar. Es verdad que en algunos momentos la resonancia de la partitura no deja escuchar lo que dicen los personajes (afortunadamente), pero eso es un problema de sonido. Acompaña bien la acción y logra algo fundamental en esta película: construye (ayuda mucho) un clima excelente. Esta es una de las fortalezas de la propuesta. Desde el principio el universo se construye sin fisuras. La lástima es que el guión se enrede sobre sí mismo buscando zonas faltas de interés o artificiales.
Vestuario, maquillaje y peluquería, estupendos.
Efectos visuales y especiales grandiosos. Lógicamente, la película se llena de ellos. Más que nada para tapar las faltas que he apuntado. Les garantizo que estos efectos dejan boquiabierto a cualquiera.
Nolan no abusa de movimientos nerviosos de la cámara. En todo momento podemos apreciar lo que pasa. No deja que lo alocado de algunas escenas impidan poder seguir la acción desde las imágenes. Y era algo difícil de conseguir. Hay escenas muy largas y muy complejas que remata con acierto.
La dirección actoral no está mal. No es que sea una clase magistral, pero todos están bien en sus papeles. Christian Bale parece haber entendido que una película de acción es algo muy concreto y se deja llevar para conseguir una buena interpretación. El resto correctísimos. Ahora bien, he de decir que Anne Hathaway está maravillosa. Las Cats anteriores que se vayan buscando otra cosa. Sensual, sexy, guapa e interpretando su papel sin dejarse llevar hasta el histrionismo de una coreografía que hubiera desembocado en él si no fuera por esta mujer.
La puesta en escena es grandiosa. Y la fotografía es muy buena.
Como ven no faltan las buenas noticias. Y son buenas de verdad. Les voy a confesar una cosa: no me importaría volver a ver esta última entrega de la trilogía. Porque es divertida y son tres horas disfrutando del cine. No de una obra maestra, pero de cine.
Una última cosa. El final de la película abre la puerta a más. Ya verán a lo que me refiero. A mí no me importaría en absoluto.
© Del Texto: Nirek Sabal


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jul 23 2012

Sherlock Holmes (Juego de sombras): La chapuza disfrazada de esplendor

Las malas tramas detectivescas o policiacas siempre reposaron sobre algo tremendo. La falta de información. El que escribe deja de decir cuatro cosas fundamentales que aparecen al final del relato, justifica esa falta con una milonga que el lector o espectador se traga dado que el desenlace es rápido y explosivo; y aquí no ha pasado nada. El lector o espectador poco habituado a pensar sobre lo que le cuentan queda más que satisfecho. El exigente pide la devolución del dinero de la entrada o intenta encender la chimenea con las páginas impares. Pero no pasa nada. Incluso los exigentes repiten de vez en cuando. No deja de ser esto algo insólito y bochornoso. Es lo mismo que terminar el relato con un giro absurdo o sin él (con cara dura por parte del autor). Sin embargo, la cosa sigue funcionando bien. Sin embargo, el ser humano necesita ser engañado o probado por otra inteligencia para saber hasta dónde es capaz de imaginar, de prever lo imposible. El ser humano necesita cosas completamente absurdas. Sobre todo cuando necesita un momento de reposo respecto a la realidad.
Hay formas de maquillar este tipo de chapuzas. En el cine, los efectos visuales y especiales son la forma más rápida y efectiva de conseguirlo. Sherlock Holmes (Juego de sombras) es un ejemplo de cómo hay que hacer las cosas para que un desastre parezca que no lo es. Son tantos y tan espectaculares los efectos visuales; son tantos y tan bien conseguidos los efectos especiales; que el espectador no piensa en nada de lo que ofrece la película. Una imagen relentizada perfecta; un movimiento de la cámara y unos encuadres lejos de la histeria para que nos podamos recrear en cada escena, en cada toma; hacen que la vista mande sobre la inteligencia. Los sentidos aplastando a la consciencia. Nada nuevo aunque muy efectivo. Sumamos a esto las interpretaciones de Robert Doeney Jr. y de Jude Law (discretas aunque resultan convincentes porque se lo pasan bomba) y, tachán, tenemos una chapuza que parece no serlo, un paquete que te tragas sin darte cuenta.
El guión es un disparate y convierte al personaje principal en un payaso muy listo, en un híbrido muy extraño entre Superman y Aristóteles. Es previsible y remata cada asunto con una frase del tipo yo ya sabía esto por parte de Holmes. Claro, esto después de una persecución larga y espectacular, después de varias muertes, de explosiones o cualquier cosa que hace mucho ruido, pasa desapercibido. Pero lo malo de este tipo de trucos es que uno deja de ver la película y se pone a pensar. Eso es lo malo.
La puesta en escena es elegante y precisa, la ambientación exquisita y muy cuidada, el vestuario estupendo, y maquillaje y peluquería excelentes. Pero falla lo esencial y así no se va a ninguna parte.
Lo que cuenta la película es lo esperado. El malo, la encarnación del mal, es lo peor de lo peor entre los villanos. El héroe, Holmes, es listo, rápido, visionario. Su ayudante es el mejor de los amigos. Y el mal acaba siendo derrotado por el bien. Ni más ni menos. No por ello se hace pesado. La verdad es que uno se traga este tipo de películas con gran facilidad. Tanta como la que tiene el espectador medio para olvidar lo visto a los cinco minutos y medio.
Alguna de las frases que se escuchan son notables. Muy pocas. El resto no llevan a ninguna parte. Y las notables manejan ideas ya sabidas por cualquiera, pero que no está mal recordar.
Un rato frente a la pantalla evadido no es cosa mala en los tiempos que corren. Para eso puede servir este juego de sombras. Si busca algo más no lo encontrará.
© Del Texto: Nirek Sabal


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jul 22 2012

Ice age 4: La formación de los continentes

Ya van cuatro y son todas iguales. Casi iguales. Muy parecidas. Similares. Cuatrillizas. Genéticamente compatibles en un 95%. En fin, más de lo mismo en cada entrega.
Cambian algunos personajes, los diálogos se modifican (mucho menos de lo que puede parecer) y el resto es un calco de lo visto. Pero es divertido. Eso no se puede negar.
La animación es cosa de niños. Al menos, eso debería ser. Pero nada más lejos de la realidad. Ice age 4 es para todo el que se siente frente a la pantalla. Tiene escenas disparatadas que hacen reír a los niños porque, además, se incluye vocabulario escatológico o que tiene que ver con vómitos o amores tiernos (estas cosas funcionan muy bien entre los pequeños). Y tiene escenas más de guiño que otra cosa que hace sonreír o reír a los adultos mientras los niños miran atónitos a los padres que parecen estar locos de remate. Si papá paga y acompaña al crío al cine debe salir satisfecho o no volverá a a suceder. Los señores de la industria del cine se las saben todas. Por tanto, la película la puede ver cualquiera. Y cualquiera pasará un buen rato con estos animalitos prehistóricos y sus aventuras.
Técnicamente, la película está muy lograda. Realizar una película de animación con un presupuesto alto y hacerlo mal es casi imposible. Otra cosa es que el guión sea nefasto o no se acierte con el personaje. Pero la técnica permite hacer cosas completamente increíbles a estas alturas. Es decir, esa zona de espectáculo que debe ofrecer cualquier película de cine, está más que garantizado.
Se repiten personajes. Clásicos que siempre aparecen en las películas desde los años ochenta con una regularidad aplastante. Mezcla de sensatez y locura, de inteligencia e idiotez, de amor y maldad. Estas características se reparten entre los personajes y en cada uno de ellos sobresale una de ellas. En la animación los personajes no tienen mucho de complejos. Lógicamente. Se repiten aventuras y se cambian los escenarios. El villano cambia de aspecto, de número, pero nunca deja de ser tan malo que parece una persona de carne y hueso. Una trama trepidante, casi de locos. Es decir, un calco de otro calco. Y así, hasta llegar a la primera de las películas animadas.
En esta ocasión, la excusa es la formación de los continentes y el desastre que se produjo. Podría haber sido, qué se yo, la caída de un meteorito o la aparición de un cementerio de mamuts. Eso es lo de menos. Todo en esta película se sostiene sobre diálogos disparatados, golpes en el cráneo imposibles de aguantar, carreras vertiginosas y cosas así. Hasta alguna referencia a La Odisea de Homero presenta la película. Un toque culto, digo yo. El caso es es que todo el que mire la pantalla tenga un punto de anclaje.
En fin, una película divertida y repetida. Un buen rato con los niños que se lo pasan más que bien. Poco más aunque suficiente. y más no se puede decir de algo que trata de ser entretenido. Sólo eso, que lo es.
© Del Texto: Nirek Sabal


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jul 17 2012

Carmina o revienta: Al rebufo

La importancia de esta película quiso llegar con su promoción, con su distribución y con su presencia en los medios como algo novedoso en su conjunto. La cosa se ha quedado en cierta relevancia; algo de ruido y poco más. Tal vez sea el germen de algo importante, quizás sea un primer paso hacia una organización distinta dentro del mundo del cine, pero, de momento, todo se ha quedado en eso, en un intento. Fallido, para ser más exacto.
Y no había otro remedio. La importancia, o llegaba desde ese territorio, o no llegaba de ninguna parte. La película es floja. Es verdad que se deja ver aunque no puede, el espectador, esperar nada que no sean un par de situaciones graciosas y extravagantes dentro de un intento de retratar una España que está más vista que el tebeo. Se salva algún diálogo suelto (la conversación entre Carmina y su amiga que le cuenta cómo se relaciona con sus amistades es muy divertida). El resto es un cúmulo de frases verdaderamente desagradables que no llevan a ninguna parte que interese. Casi nada se puede apreciar como importante. Diálogos tan vacíos no son buenos compañeros de viaje. Los encuadres que busca el director son simples, la trama predecible desde el comienzo (creo que la duración de la película, a pesar de ser escasa en los tiempos que corren, es excesiva), las interpretaciones tan planas como lo son los personajes.
Esta es una película que nace al rebufo de su director, de su fama como actor (sobre todo en televisión). Paco León, como director y guionista, tendrá que demostrar mucho más. Porque con Carmina o Revienta juega a construir un mundo absurdo; tan absurdo que roza al propio mundo. Por eso elige un formato muy cercano al documental buscando confundir ficción y realidad. Pero lo que consigue es quedarse en tierra de nadie. Muy mal asunto es ese cuando se narra. Caer simpático entre los espectadores de televisión puede servir una vez. Tal vez dos. Pero más allá está el mundo de verdad. Sin mezclas con la ficción. Y allí no se perdona ni una.
El guión, también obra de Paco León, está lleno de disparates y frases hechas que buscan la sonrisa fácil y un interés que no termina de llegar. Entre otras cosas porque la narración va y viene sin ton ni son. Las elipsis, por ejemplo, no hay quien las rellene. Tampoco hace falta. No hay nada que imaginar, nada que se deje ver para sugerir. Sencillamente, se trata de rupturas espacio temporales puestas allí a ver si la cosa cuela. Por su parte, los actores y actrices van haciendo lo que pueden. Pero, sobre todo, lo que quieren. Exageran todo lo que está a su alcance para que aquello haga gracia. Poco más. El conjunto queda desordenado y se vacía de sentido por los cuatro costados.
Carmina Barrios tiene muchas limitaciones al interpretar. Con un papel un poco exigente tendría serias dificultades. Esta es la madre; en la ficción y en la realidad (del director, digo). María León, al contrario, necesita más. Un desperdicio ese papelito en manos de una actriz que terminará siendo más que importante. Paco Casaus va a lo suyo. Y así no hay manera, claro. Y Ana Mª García defiende un papel muy discreto por lo que no puede hacer mucho más de lo que hace.
Insisto en que no aburre, pero tampoco emociona en absoluto.
De nuevo, se demuestra que esto no es tan fácil (rodar películas) y que el guión es lo que manda en el cine.
Lo que si deseo es que este intento (fallido) se convierta (si no lo es ya) en el germen de un cambio muy necesario. Si así fuera la película sería de diez.
© Del Texto: Nirek Sabal


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jul 16 2012

La delicadeza: Excelente propuesta que fracasa

Cuando en una película podemos prescindir del argumento, de los hechos que se suceden en la misma, y la podemos construir a partir de gestos, es que algo está ocurriendo, algo que va más allá de lo estrictamente argumental. La delicadeza es una película dirigida por David Foenkinos y protagonizada por Audrey Tautou y François Damiens. La bella y la bestia delicada que permite la recuperación de la bella que sufre el golpe mortal de una pérdida definitiva. Y por medio, una amiga incondicional que a la hora de la verdad no lo es tanto, Sophie (Josephine de Meaux) y un jefe rendido a los pies de la inaccesible doliente, Charles (Bruno Todeschini)
Es sin duda una película muy irregular, que tiene algunos golpes geniales, que combina momentos de una intensidad dramáticos con unas pinceladas de humor que permite a la película sobrevivir, y bascular del tedio al interés; pero, esa misma irregularidad, la injustificada combinación de alucinaciones del pasado con dolorosa realidad, la transforma, por una mala utilización de los elementos en algo poco creíble. Existen muchos interrogantes a lo largo de toda la trama y uno no llega a comprender cuál es el motivo, o qué es lo que acerca a la delicada y perdida Natalie, al anodino, inexpresivo, y soso Markus. Dejar ese interrogante abierto, los inexplicables saltos hacia delante en determinados momento, entre otros meandros extraños, hacen que el film cojee y la narración se convierta en inverosímil dejando al espectador sin capacidad para rellenar esos huecos.
Puede que la historia sea conmovedora y permita reflexionar sobre las segundas oportunidades, del valor de lo emocional sobre lo absolutamente superficial. Sobre la necesidad de ser extremadamente delicados con los momentos dolorosos de otro. Pero esa historia que podía haber sido maravillosa, conjugarse bajo dos actuaciones excepcionales, se convierte en extraña cuando el director convierte a la doliente Natalie en un reflejo de Amelie, aquel otro personaje que hizo mundialmente famosa a Audrey Tautou. En este punto la película pierde autenticidad y en un poco agradecido calco, con lo que pierde mucho en sí misma. Los elementos fantásticos y la elaboración del contenido de aquella original película casan fatal con esta historia y el error del director es, en este punto, garrafal.
La ambientación es deliciosa y es difícil substraerse al encanto de París. Ahí el director juega con ventaja aunque, sin embargo, pese a algunos momentos musicales que podrían considerarse deliciosos, también en este punto la filmación flojea y no porque la banda sonora creada por Émilie Simon no sea buena sino porque tiene difícil encaje en la historia.
Sin embargo y pese a ello, puede ser una opción para pasar unas horas en el cine, al fresco, disfrutando de la inalcanzable nuca de Tautou, de los eternos silencios y medidas perdidas, de los delicados gestos de sus protagonistas, de una Torre Eiffel espléndidamente iluminada, de la vista de esos apartamentos de gran ciudad que parecen concebidos para personas de vidas profundas e intentas que en nada se asemejan a la nuestra; para pensar en como sobrellevar la muerte de aquel al que no se ha amado sino que se ha convertido en el eje de nuestra vida. De lo decepcionante de las actitudes de los que creíamos eran un sostén, de la falta de empatía en algunos casos.
Me guardo una frase extraída de una conversación sostenida entre Markus y Charles y la conclusión de Markus cuando reconoce que lo mejor de Natalie es que ha conseguido extraer de él su mejor versión. Y es que en definitiva eso es el amor, creo.
PD: Si leen por ahí que es una comedia romántica, pues como que no, sinceramente.


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jul 9 2012

La semilla del mal: Un auténtico desastre

Yo no sé a quién le puede gustar este tipo de cine. El día que me encuentre con un ser humano dispuesto a explicarme algo tan extraño, prometo hacerle caso y, si es necesario, un monumento.
Las películas de miedo deberían dar miedo. Las películas de miedo deberían incorporar elementos novedosos para diferenciarse de las películas de miedo que ya se han contado y, sobre todo, para ser películas de miedo. Pues nada; por lo que se ve, todo eso pasó cuando de filmaron las tres o cuatro primeras. El resto son repeticiones. Para ser más concreto diré que son una castaña de campeonato. Alguien ha debido correr la voz y se ha impuesto la idea de que metiendo en la historia un niño con la mirada perdida y cara de matar a todo el que se ponga por delante, a una chica guapa que tire de espaldas y que pase grandes calamidades, a un sacerdote o a un tío con una Biblia en la mano y bichos repugnantes por aquí y por allí; tenemos una película de miedo maravillosa. Pues no. Ni miedo, ni tensión, ni sustos, ni nada de nada.
La semilla del mal es una película de David Goyer. La actriz principal es Odette Yustman. El guión en un disparate. Los efectos especiales y visuales son discretos. El movimiento de la cámara histérico. El maquillaje parece una promoción de los maletines de la señorita Pepis. Gary Oldman aparece por la pantalla y todavía debe estar preguntándose la razón por la que aceptó un trabajo tan patético. Todo es un rollo inaguantable.
El asunto comienza (la película no, eso empieza mucho después, empiezo por aquí por dar algo de sentido a este desastre) en un campo de concentración. Allí se experimenta con niños. Para ser exactos, con gemelos. Uno de ellos al morir es tomado, invadido o como quieran llamarlo, por un espíritu. El fantasma tiene una mala leche de aquí te espero. El caso es que mucho después la protagonista comienza a ser atacada por el espíritu malo. Y, por supuesto, una amiga de esta señorita muere, muere la abuela de esta señorita, mueren más y más, pero la cosa acaba bien porque sacerdotes y rabinos se unen en la lucha contra el mal. Algo así. Supongo que les suena porque esto ya lo han contado quince o veinte veces. El guionista lo disfraza un poco y hace saltos mortales por si cuela, pero no.
La película es muy mala. Carece de profundidad, de una documentación mínima, de una dirección actoral decente (en la pantalla cada uno se mueve como le viene en gana), de un guión aceptable (no hay una sola frase que merezca la pena; ni una). La coherencia interna se busca en las baratijas que tratan de despistar la atención del espectador aunque el éxito es nulo. En fin, es un auténtico desastre. De principio a fin. Por no dar, no da ni asco (y mira que aparecen bichos, tipos con la cabeza al revés y cosas que deberían poner los pelos de punta). No creo que alguien quiera perder el tiempo con esto, pero (por si acaso existe un ser dispuesto a semejante hazaña) aviso de que es muy previsible y los sustos los ves llegar diez minutos antes de ocurrir; es decir, si la eligen para que la novia se arrime a usted buscando refugio ante un miedo inaguantable, mejor piense en otra posibilidad. Cualquier programa de Tele 5 causará mayor efecto.
© Del texto: Federico de Vargas y Expósito


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jul 5 2012

El topo: Debilidades y más debilidades

John le Carré es un escritor excelente. Pocos autores saben dibujar personajes con tanta maestría. Y menos son capaces de hacer que estos evolucionen con un movimiento, un gesto, un tropiezo. John le Carré es capaz de mover una trama entera desde un rasgo que para otros no tiene importancia o son incapaces de percibir como parte del universo del personaje. Es un maestro y escribió, entre otras novelas, El topo.
Tomas Alfredson, un buen director, ha sido el encargado de filmar la película basada en la novela de le Carré (productor ejecutivo, además; por lo que no ha hecho el trabajo cualquiera). Y el resultado es estupendo. Un movimiento de cámara preciso, un vestuario magnífico, un montaje extraordinario y poco reconocido por la crítica y un guión inteligente (aunque es una adaptación de una novela, los guionistas Bridget O’Connor y Peter Straughan logran escapar de lo literario con éxito). La película es una propuesta exigente y no se podían cometer errores en estos campos. Ni, por supuesto, en la dirección actoral. Es magnífica. Todos están bien. Todos. Pero lo de Gary Oldman es una cosa de locos. Extraordinario, sin sobrepasar los límites en ningún momento (el papel podría haber quedado más bien soso y no es así ni parece que pudiera serlo un solo minuto).
La película está llena de matices que llegan de lo sugerido. Las relaciones entre los personajes se intuyen a través de una mirada, de un ademán, de un pequeño detalle. Y todo se explica desde ese lugar. Todo se explica y cada cosa explica el resto. Además, las debilidades de cada personajes irán construyendo sus mundos. De esto va la película, de eso y, por tanto, de la posibilidad de ser el culpable en cualquier momento de nuestras vidas. Es verdad que el espionaje es el motor de la trama, pero la esencia es la debilidad humana. El espionaje nos lo muestran con claridad en forma de trama; las debilidades nos las sugieren para que entendamos, para que podamos interpretar. Una forma de narrar especialmente atractiva y al alcance de pocos. Una forma de narrar como debe ser.
El topo es la historia de varios componentes del servicio de inteligencia británico durante la guerra fría. Uno de ellos es un traidor que trabaja para los rusos, que es agente doble. Smiley (personaje fundamental en la obra de le Carré) será el encargado de desenmascarar la verdad. La gracia es que él es uno de los señalados por Control. Todo se desarrolla entre elipsis, idas y venidas en el tiempo, rupturas espacio temporales que obligan al espectador a estar atento y montar un puzzle en el que faltan piezas que irán apareciendo. Pero aparecen sin trampas, sin utilizar la información de forma ventajista. La película está muy bien planteada y rematada de maravilla. Como la novela original. Por cierto, la música de Alberto Iglesias es impecable.
Esta es una película de gran nivel. Por el trabajo de los actores y actrices, por la idea original, por cómo está contada, por cómo se pone en escena. Por todo. Es una película que pueden ver todos los miembros de la familia (los niños pequeños no la entenderían, pero los jóvenes quedarán satisfechos). Y es una película con la que se reivindica el cine de calidad y no la explosiones ni los ordenadores. No se la pierdan.
© Del Texto: Nirek Sabal.


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jul 4 2012

La dama de hierro: La mujer de mis sueños

Francamente, la vida de Margaret Thatcher no me interesa nada de nada. Ni lo que hizo, ni lo que dejó de hacer, ni si ha perdido la cabeza en los últimos años. Es lo que se viene llamando indiferencia absoluta. Lo que sí me fascina es ver películas en las que Meryl Streep interpreta sea lo que sea. Incluso en las que interpreta el papel de Margaret Thatcher. Es lo que se viene conociendo como fanatismo o enamoramiento perpetuo.
La dama de hierro es una película que relata la vida de esta señora británica. Pero termina siendo una clase magistral de interpretación a cargo de la señora Streep. A eso se reduce el trabajo de Phyllida Lloyd que elige a la actriz (de forma astuta) sabiendo que no tiene nada más que ofrecer. Si alguien quiere encontrar algo en el fondo de esta película que ni lo intente. Si alguien quiere encontrar elementos técnicos que sobresalgan haciéndose importantes que dedique sus esfuerzos a otra cosa. Esto va de Meryl Streep y su maquilladora.
El guión es una castaña. Pero Meryl (¡te queremos Meryl!) salva todo actuando. La propuesta no se conoce ni se conocerá porque bien podría haber sido un Informe semanal y hubiera sido lo mismo. Pero Meryl (¡eres la mujer de mis sueños Meryl aunque te caractericen de Thatcher!) llena la pantalla y convierte la nada en ella misma (algo maravilloso, por cierto). Nada es emocionante en esta película salvo ver a una de las mejores actrices de todos los tiempos.
Bueno, la cosa va de la vida de una señora que se dedicó a repartir estopa en medio mundo. Ya se lo saben ustedes, así que no les canso con resúmenes de tramas. Hacia el final, la directora hace un intento desesperado por encontrar la lágrima fácil del espectador aunque no lo consigue. Porque todos están pendientes de otra cosa. De la señora Streep. Es decir, la película no vale la pena. De principio a fin. Es una pena que un trabajo tan extraordinario de la actriz principal se quede sepultado entre tanta mediocridad y debajo de una historia que no le interesa a nadie. Al menos, nuestra querida Meryl fue premiada con un Óscar. Algo es algo. Desde luego que te premien cuando la película es tan floja es difícil.
En fin, que si quieren disfrutar de una actuación prodigiosa ya saben lo que tienen que ver. Pero del resto ya he avisado. A mí, plim.
© Del Texto: Federico de Vargas y Expósito


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jul 4 2012

The Rocky Horror Picture Show: Horroritas, vírgenes y masturbadores

The Rocky Horror Picture Show (RHPS) de Jim Sharman es La Película de Culto por antonomasia. Se filmó sobre la base del musical del mismo nombre y se estrenó en el Westwood Theatre de Los Ángeles en 1975. Se retiró de las pantallas a los pocos meses con la etiqueta de fracaso rotundo, pero poco después, el filme se rescata para las sesiones de medianoche en el Waverly Theatre, en el Greenvich Village neoyorquino. Empieza un mito de proporciones mundiales que no ha cesado de crecer. En Nueva York permaneció años en la cartelera y en París, en el Studio Galande se proyecta dos veces por semana desde hace veinte años.
Los fanáticos de la película (horroritas) se cuentan por miles y acuden a las proyecciones provistos de un extenso lote de utensilios (props) que incluyen guantes de goma para fregar, arroz, rollos de papel higiénico y pistolas de agua que se ponen en acción en momentos precisos de la película mientras el público, puesto en pie coreografía las canciones, siguiendo con exactitud pasos minuciosamente ensayados. Existen ritos de iniciación para los que no han visto nunca la película (vírgenes) y distintos grados según la cantidad de veces en las que se haya participado en una de las proyecciones que resultan ser verdaderas fiestas pánicas. Asistir a uno de los pases colectivos es una experiencia única cuyo lema es Don´t dream it, be it! (¡No lo sueñes, hazlo!)
Treinta y cinco años después de su generación, la película es de una modernidad inaudita, podría decirse, paradójicamente, que es más moderna cuanto más pasa el tiempo. Los números musicales son extraordinarios y todo lo que aparece en la pantalla transmite una energía positiva y descomunal.
El argumento es demencial, una pareja de recién casados (Ella es Susan Sarandon y está inmensa) se refugia de una tormenta en un castillo misterioso y terrorífico que resulta estar habitado por el enloquecido doctor Frank-N-Furter (Tim Curry), un travestí transexual del planeta Transylvania, que les invita a presenciar la creación en su laboratorio de Rocky, el hombre perfecto…


Este éxito inaudito, no es baladí. La película es divertidísima y el argumento trepidante. Es una crítica despiadada al cine de ciencia ficción y un homenaje a las series B, la música es soberbia y los actores están, absolutamente todos, magistrales en sus extravagantes interpretaciones.
Zapatos de tacón alto, medias de rejilla, boas de plumas, músculos y travestismo, RHPS no dejará indiferente a nadie.
(Se denomina masturbador a quien acumula la experiencia de haber visionado la película en video. Ya lo saben)
RHPS me flipa.
© Del Texto: IVOR QUELCH


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