Un método peligroso: Lo soso del psicoanálisis

Una impecable puesta en escena y una ambientación casi exacta ayuda mucho a que una película sea agradable. Pero lo importante llega desde otro lugar; desde una zona más literaria que otra cosa, esto es, desde el guión. Esto puede gustar, más o menos, a muchos; o disgustar completamente a casi todos (los mediocres sobre todo); pero es una realidad patente.
Un método peligroso no es una mala película. Es elegante, impecable en su factura, rebosante de música delicada y sólida, incluso de interpretaciones correctas aunque planitas. Además, maneja una idea más que atractiva para el espectador: ¿Hasta dónde el que más sabe de la psicología humana es capaz de controlar la suya propia? Porque ninguno de los personajes logra alejarse de lo que percibe como peligroso o una lacra en su propia existencia. Tal vez sea esta idea lo más atractivo de la película.
No es una mala película aunque deja a medio camino casi todo. Es verdad que el director David Cronenberg arriesga hasta cierto punto, que incluso roza caminos que le podrían echar abajo todo el trabajo, pero retrocede cuando más falta hace en su propuesta. Es lo malo de saber que te van a mirar con lupa. Y a este hombre, algunos, le tienen crucificado. Y aquí tenemos el problema del guión. Se acerca aunque no llega. Arriesga aunque se vuelve prudente en el momento justo. Se llena de asuntos profundos que no llevan a ningún sitio lo que produce una ruptura en el ritmo general. La cosa queda sosa. Sosa a la par que elegante y fina. Qué cosas.
Viggo Mortensen está apático. Michael Fassbender es soso. Keira Knightley roza el histrionismo aunque corre hasta la sosería más inmaculada jamás vista. Pero quiero ser justo y, esto dicho así, podría parecer un auténtico desastre. No están mal. Están sositos. Como toda la película. Hacer juego sí que hacen.
El vestuario está muy bien. La peluquería también. El montaje algo excesivo en sus elipsis. Nos quedamos con las ganas de conocer algunos detalles de la trama que como espectadores no podemos rellenar. La dirección actoral se centra en la señora Knightley puesto que defiende el papel más difícil con diferencia. Y el resultado es irregular. Cuando más peligro corre es cuando mejor queda la interpretación. Cuando la cosa se calma todo se desliza hacia una tranquilidad que descompone el papel.
Quizás el problema sea intentar contar con rigor un asunto que cabe más en un ensayo o en una biografía. En las películas, si dices mucho malo, si dices poco malo, también. No se va al cine a recibir un curso de nada, ni se va al cine a que te cuenten las cosas a medias. Al final, la tendencia es quedarse en tierra de nadie, en un lugar frío que deja destemplado al espectador. En medio de un desierto soso.
Una película más que no pasará a la historia del cine como gran cosa.
© Del Texto: Nirek Sabal


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