Profesor Lazhar: Sensibilidad y honestidad terriblemente dramática

¿Puede hacerse poesía con el cine? Por supuesto que sí. Hace apenas unos días, en este mismo blog, mostraba mi descontento con la cartelera y mi intención de dejar de pisar las salas de cine durante algún tiempo. Pero hay honrosas excepciones que hacen que, cuando incumplo mi propósito, no termine sintiendo que, nuevamente, he caído en bodrios de superproducción. No al menos en mis últimas visitas al cine, pero no hay que bajar la guardia.
Profesor Lazhar es una de esas honrosas excepciones al mal cine actual. Esta producción canadiense, es la adaptación de la pieza teatral Bachir Lazhar de la dramaturga quebequesa Évelyne de la Chenelière, protagonizada por Mohamed Fellag (Bachir Lazhar), Sophie Nélisse (Alice) y Emilien Néron (Simon) y dirigida por Philippe Falardeau.
Después de verla he tenido conocimiento de que la misma obtuvo los premios a Mejor película, director, Guión adaptado y actor en los Premios Genie de la Academia de cine y TV de Canadá (2012) , así como el Premio Miguel Delibes al mejor Guión y premio de la Critica en el Festival Internacional de Cine de Valladolid (2011).
Encuadrada en el género dramático, Profesor Lazhar es la historia de Bachi Lazhar, un emigrante argelino instalado en Montreal, pendiente de su reconocimiento como expatriado político, tras la dramática muerte de su familia en la Argelia de principios del siglo XXI. Lazhar, llega a un centro escolar ofreciendo sus servicios como maestro después de leer en la prensa la traumática muerte de una de las profesoras de aquella escuela.
El profesor Lazhar, maestro, según refiere, en su originaria Argelia, se topará con un sistema educativo completamente distinto al que conoce, y con un grupo de alumnos conmocionados por la muerte de su maestra que se quitó la vida colgándose, durante el recreo, en el aula en la que daba las clases.
Una delicadeza absoluta por parte de un maestro que es precisamente eso, maestro, y unos alumnos exquisitamente sensibles en lo personal, conseguirán avanzar en los distintos momentos trágicos que todos ellos viven. El proceso de integración y recuperación de Lazhar, en su drama personal, correrá parejo al proceso de sanación de los alumnos, en especial de Simon (que se siente culpable de lo que no le toca) y de Alice (la amiga de Simon). Ambos vieron a su profesora ahorcada. La suerte del profesor, que deberá asumir la trágica muerte de su mujer, de sus dos hijos y la posible denegación de su reconocimiento como exiliado político que le puede llevar a una muerte segura; correrá pareja a la de unos alumnos; inicialmente desconfiados respecto de su persona; que son enseñados (que no educados) bajo un sistema pedagógico de absoluta asepsia, ajenos a todo contacto físico y escondiendo, bajo la losa, del silencio aquello que les preocupa.
Sin embargo, las condiciones de cada uno de ellos, la necesidad de una catarsis colectiva en un aula en que se ha ido enmascarando la tragedia, llevarán a la explosión de la angustia, de lo que oprime, como paso previo para una verdadera curación. Sin embargo, esta necesidad, esta bondad en el reconocimiento del dolor, la necesidad del duelo no será comprendida por el sistema que abogará por volver a enterrar todo lo que de novedoso, de humano y de sensible aportó alguien que aparece de un modo singular.
Profesor Lazhar es la necesidad de compartir lo traumático, de volver a lo personal. Una bellísima historia, narrada desde la exquisitez de lo sensible y humano, sin caer en lo blando y lacrimógeno. Una narración pausada, tan bien tramada que dan ganas de quedarse abrazada a esos dos personajes tan esenciales como son Bachir y Alice. Un hombre y una niña de apenas diez años con necesidad de volver a confiar, de alejar los temores, de asimilar recuerdos dolorosos que ya, por siempre, formarán parte de su vida.
Una película honesta, sensible y terriblemente dramática.
Como siempre recomiendo, véanla en versión original.
© Del Texto: Anita Noire


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