Vivir para gozar: el perpetuo éxito de lo clásico

En los últimos meses, han sido muy pocas las ocasiones en las que la cartelera me ha ofrecido algo novedoso, sorprendente y de mínima calidad. La decepción que arrastro con el tema cinematográfico es tan grande que -puedo confesarlo sin rubor- he decidido dejar de asistir al cine hasta que las ranas críen pelo o me dé un ataque de apoplejía y sea arrastrada hasta una sala sin mi consentimiento. Pero como mi vida se nutre de historias fantásticas que otros recrean he hecho acopio de ingentes películas en DVD que devoro, en mis noches de insomnio, como si el espíritu de los hermanos Lumière se hubiera apoderado de mí.
En ese navegar errante entre películas antiguas, películas raras, rescaté, por el mero gusto de gozar de una comedia de las de verdad, Vivir para gozar, originariamente Holiday dirigida en el año 1938 por George Cukor, uno de los mejores directores de todos los tiempos, y protagonizada por los siempre deliciosos y sofisticados Cary Grant y Katherine Hepburn, y junto a ellos Lew Ayres, Doris Dolan y Edward Everett Horton.
En la línea de Historias de Filadelfia, Cukor nos adentra en la alta sociedad neoyorkina y nos sirve en bandeja de plata y grandes dosis de sentido del humor, el estallido de una historia que pone en tela de juicio la conveniencia o la necesidad de sujetarnos a sueños de estatus, posición, triunfalismos vanos en una sociedad absolutamente convencional, tan convencional como la sociedad norteamericana de finales de los años 30. Una crítica sutil a las aspiraciones que todo ciudadano medio podía tener engarzada bajo el hilo conductor de una historia de amor.
Johnny Case (Cary Grant), un hombre alejado de los círculos mundanos de Nueva York se enamora de una mujer perteneciente a la alta sociedad, de Julia Seton (Doris Nola). Su entrada en esta nueva vida de relumbrón, pese al intento por adaptarse a su nueva realidad, chocará frontalmente con sus ganas de vivir. La vida aburrida, convencional se disipará con la presencia de Linda (Katherine Hepburn), hermana de su prometida, una mujer entusiasta con ganas de vivir. Dos personas absolutamente deseosas de vivir para gozar y frente a eso la disyuntiva de escoger entre una vida de comodidad y convencionalismos a costas de la pérdida del entusiasmo o, renunciar a lo material, a una vida próspera por vivir junto a quien comparte la misma filosofía y siente la existemcia a flor de piel.
Vivir para gozar es una de las mejores comedias de finales de los años 30; fresca, con un guión estupendo, una química espectacular entre sus protagonistas y unos inmejorables diálogos que, de modo alguno, puede ser minimizada por pertenecer al género cómico. Pues tras la aparente frivolidad de la historia subyace algo tan fundamental como la libertad de decisión del hombre.
Una acertadísima elección para un día cualquiera en que busquen el lado amable de la vida. Y es que no me canso de repetir, en el cine, los clásicos, pocas veces defraudan. Y si son en blanco y negro, menos todavía. Palabrita de superfan de Katherine Hepburn.
© Del Texto: Anita Noire


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