La voz dormida: Ese oscuro recuerdo

No es cierto que el cine español sea malo. Es verdad que al cabo de un año se ruedan un buen número de películas ridículas, mal contadas, mal filmadas o mal subvencionadas; pero eso pasa en España, en Estados Unidos o en el Congo Belga. En todos los sitios en los que se ruedan películas de cine hay malos profesionales, listillos y personas nefastas para el desarrollo de cualquier cosa. España no iba a ser menos aunque, del mismo modo que se hace mal cine, se hace un cine de primera categoría.
La voz dormida es una excelente película basada en la novela homónima de Dulce Chacón (de ese texto no puedo decir lo mismo puesto que es mucho más flojo de lo que se ha dicho). El mensaje queda claro desde el principio: lo que produce dolor y está causado por el ser humano no debería suceder jamás. El tema que se quiere tratar es el recuerdo, cómo determina el presente y el futuro. Para lanzar la idea, Benito Zambrano, maneja dos formidables historias de amor rodeadas del estado de maldad y venganza que se instaló en España tras la guerra civil. Lógicamente, esto lo comparte con la novelista. Pero, además, Zambrano suma elementos propios del cine que hacen de la historia algo mucho más grande.
El director maneja la cámara con gusto y sumo cuidado. Deja que sean las actrices (fundamentalmente ellas) las que lleven el peso de la narración, las que llenen la pantalla. Busca encuadres amplios en los que puedan moverse respetando su trabajo. Un trabajo magnífico. Inma Cuesta y María León, las protagonistas, se ven espléndidas. Las dos. La película se divide en dos partes. En la primera será María León la que haga crecer su personaje y en la segunda es Inma Cuesta la que toma mayor protagonismo con el mismo fin. De su mano, el espectador, se ve obligado a trazar un dibujo de esa España tan oscura, tan cruel; un dibujo que va más allá de la propia película porque, a pesar de mirar a través de los ojos de ellas, es nuestra conciencia la que se pone en marcha para perfilar cada trazo. Todo se llena de emociones, de sentimientos. Es como si la película nos envolviera y, a la vez, los espectadores nos tuviéramos que echar por encima un manto reflexivo.
La luz, el maquillaje, el vestuario, la puesta en escena y el sonido acompañan más que bien lo que nos cuentan y hacen posible que la recepción de la historia se produzca sin atropellos, con suavidad. El montaje hace que la tensión narrativa no disminuya un solo instante; permite al espectador que entienda exactamente lo que sucede a pesar de las numerosas elipsis. Aunque es el guión, siempre lo es en cine, la zona que pesa más y mejor, lo que hace de una película una cosa grande o desastrosa. Es contundente, escapa de las frases que adornan y se queda con lo esencial, con lo que nos lleva hasta el lugar que nos tienen preparado para que pensemos sobre lo que nos dicen. Alguien podría acusar a Benito Zambrano de ser tendencioso en el planteamiento. La película se centra en la maldad de los vencedores casi en exclusiva, en la venganza. Con cierta habilidad salpica la película de personajes que perfilan esa España vencedora llena de víctimas de la misma guerra. Viudas; hombres que tuvieron que renunciar a sí mismos, a todo. Pero, ideológicamente, el trabajo es lo que es. No debería molestar a nadie con un mínimo de criterio, pero el peligro de una crítica política y facilona está presente. Creo que Zambrano lo sabía e intentó aliviar la cosa; algo que el que escribe mira con la ceja levantada y no se explica muy bien puesto que no hay que buscar hueco a todo el mundo. Sencillamente, unos caben y otros no y hacer concesiones a la galería siempre funciona mal.
La voz dormida es un homenaje a las mujeres que vivieron la guerra y la postguerra española. Como siempre en desigualdad con los hombres. Pero, sobre todo, es un homenaje a un país que se tuvo que enfrentar a un verdadero infierno para ser lo que es hoy en día. La voz en off final así lo deja entrever (por cierto, este es uno de los errores de la película porque desmonta todo un punto de vista trabajado durante muchos minutos).
Además de Inma Cuesta, María León, Ana Wagener, Teresa Calo, Miryam Gallegos, Begoña Maestre, Lola Casamayor, Angela Cremonte, Charo Zapardiel, Amparo Vega, Berta Ojeda, Arancha Aranguren o María Garralón, que están maravillosas; en La voz dormida tienen un hueco los hombres. Marc Clotet y Daniel Holguín son los que desarrollan papeles de mayor protagonismo. Sus papeles son muy cortos y el lucimiento es menor. Pero lo importante es que Zambrano, con todos ellos, llena la pantalla de personajes de gran importancia. Monjas, militares y civiles que rebosan crueldad. Presas, viudas; luchadores que apestan a muerte. La suma es una España gris, tremenda, ensangrentada.
La voz dormida es una película dura aunque los jóvenes pueden verla sin problemas. Los niños ya tendrán tiempo de hacerlo. Conviene que antes o después todos sepan lo que fue España. Y que el cine español no es ninguna broma de mal gusto.
© Del Texto: Nirek Sabal


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