Gone: ni pies ni cabeza

Es difícil hablar de una pelicula cuando no hay nada que decir. Aquí debería terminar esta crítica aunque por respeto a los lectores haré un esfuerzo y trataré de apuntar algunos aspectos del trabajo de Ringan Ledwidge (este es el director de Gone, una de las películas peores que he visto jamás).
Scott Mechlowicz, Amelia Warner y Shaun Evans son los actores protagonistas. Sus papeles son espantosos estereotipos y ellos los convierten en espantosos estereotipos mal interpretados. No se libra ni uno del desastre. Sosos, apáticos, aburridos y poco creíbles. Entre otras cosas porque nada es creíble en esta película. Se ve el cartón del trabajo a lo lejos.
Desde el minuto uno sabemos lo que va a pasar. Esto lo han contado un millón de veces y de esta misma manera. Un malo muy malo que envuelve a dos buenos chicos que parecen no enterarse de nada. La cosa no puede terminar bien, claro. El problema es que no termina bien nada de nada de lo que tiene que ver con la película.  Ni empieza. La fotografía la confunden con tomas de estética parecida a la de las postales. La música pasa desapercibida. El guión es completamente estúpido; todo se llena de palabrería que no lleva a ninguna parte. La dirección actoral es nefasta. Todo es un auténtico fiasco.
No sé cómo puede ser que alguien se juegue su dinero en algo así. Una trama en la que los personajes se quedan en monigotes está llamado al fracaso más absoluto, a perder cualquier inversión realizada.
La película es muy fácil de entender, pero, sin embargo, el espectador no entiende nada. No sabe por qué un tipo es tan malvado, ni otro tan imbécil, ni qué está pasando. Porque no aparece nada de eso que es tan necesario para entender una historia. La película se queda vacía cuando los personajes no aparecen por ningún sitio.
Y los espectadores dormidos.
© Del Texto: Federico de Vargas y Expósito


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