El mundo según Barney

Cuando, en cine, decides contar algo hay que tener clara una cosa: qué quieres contar. Esto, que parece algo obvio y necesario, se lo salta a la torera casi todo el mundo. Por eso encontramos películas anunciadas como comedias que terminan siendo dramas lacrimógenos (no porque la historia lo demande sino porque es la salida más facilona para enganchar al espectador en un último intento a la desesperada), por eso encontramos películas en la que el narrador cambia sin venir a cuento (no para aportar un punto de vista distinto sino porque la elección fue errónea y hay cosas que el narrador elegido no puede contar), por eso hay películas que nos dejan fríos como témpanos de hielo (por ejemplo, cuando los personajes son tan planos que no permiten una mínima empatía con ellos). Contar una historia no es contarlo todo; es contarlo bien. Lo justo. Ni más ni menos. Con los materiales narrativos adecuados, con diálogos que lleven a alguna parte, con un punto de vista sólido y esas cositas.
El mundo según Barney es de esas películas que nunca entenderé. Supongo que la idea es mostrar un mundo desde una mirada (la del personaje) y todas las caras de ese mundo cuando el personaje (que es narrador) va mostrando sus evoluciones, sus cambios. Tal vez esa era la idea. Pero la cosa se queda en una narración lineal de la historia de los tres matrimonios del protagonista con la inclusión de una trama policial muy poco importante y un final que busca la lágrima fácil por la vía de la enfermedad y la muerte. Si el personaje debería ser lo fundamental, de principio a fin, se queda en pura anécdota. Si las tramas secundarias deberían ser iluminadoras de la principal y la herramienta explicativa de lo implícito, se quedan en historias poco y mal trazadas, del todo prescindibles. Si el punto de vista debería aportar diferentes caras de una realidad poliédrica no se consigue una voz ni mínimamente interesante aunque sí simpática. Vamos, dicho de otra forma, que esta película es una chapuza importante.
Paul Giamatti, actor principal, defiende bien el papel. Esta es una de las pocas cosas buenas de la película. Dustin Hoffman no está mal aunque su papel es más secundario de lo que podría parecer. Rachelle Lefevre, Minnie Driver y Rosamund Pike (las tres esposas de Barney) acompañan al protagonista sin aportar gran cosa. Para ser justo diré que Pike está por encima de sus compañeras.
La dirección de Richard J. Lewis es flojita. Intenta adaptar una buena novela (la de Mordecai Richler) convirtiendo el texto original en una maravilla si lo comparamos con el libreto.
El resto de elementos técnicos pasa desapercibido. Lo único que se puede señalar es la banda sonora que no está del todo mal aunque los temas (buenos de forma independiente) están llevados un poco de los pelos para formar un conjunto algo desigual.
El gran problema de esta película es que el personaje, aunque parezca otra cosa, comienza en un punto y termina en el mismo. O muy pegado a él. Nos intentan convencer de lo contrario metiendo subtramas, sin ton ni son, aunque sin ningún éxito. Si a eso le añadimos una duración excesiva, El mundo según Barney se convierte en una película entretenida y de las que no dejan huella; de esas que cuando se acaban no pasa nada. Y es una pena porque la esencia podría dar mucho más juego, porque con un poco más de imaginación se podría abrir un mundo entero en el que todo importase. No es así.
Muy decepcionante.
© Del Texto: Nirek Sabal


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