Blancanieves (Mirror, mirror): De traca

A mí que me estafen siempre me sienta fatal. Y hoy, me han estafado por partida doble. He pagado por ver un truño espectacular y he pagado un dineral por acompañar la primera estafa de unas palomitas y unos refrescos de cola vendidos a precio de oro. Así que, como lo que voy es a echar pestes durante un rato, tanto como lo que me dure el texto que pienso escribir, si quieren pueden quedarse aquí.
Tarde de sábado, dos fieras que ventilar, de siete y cinco años, y la ocurrencia de acercarnos al cine a ver Blancanieves, también llamada Mirror, mirror, espejito, espejito. El bodrio en cuestión, una versión libre de la archifamosa Blancanieves de los Hermanos Grimm, dirigida por Tarsem Singh (de ahí el simulacro de bailecito a lo Bollywood tras el matrimonio entre un principito más guapo que un San Luís y la sosísima SnowWhite), protagonizada por Julia Roberts (la madrastra malvada), Lily Collins (Blancanieves), Arnie Hammer (Principe Alcott, que no se lo pierdan viene del Reino de Valencia – será por eso que la película es de traca), y junto a ellos un montón de enanos, tantos como siete que, no se vayan a pensar son buenos y laboriosos trabajadores en una mina, sino unos bandoleros dignos de formar parte de la banda de los de Norfolk, ya saben , de los de Robin Hood.
En cuanto al argumento, pues como les digo, una versión extraña del cuento, sin chispa, sin gracia, sin nada de nada que, de hecho, me ha hecho cabecear un rato y descansar de una ajetreada jornada de sábado. Sin embargo y pesar de todo, algo debe tener; las dos criaturas que devoraban las palomitas a puñados no han rechistado en las casi dos horas que dura la película más que para preguntar cuándo Blancanieves pensaba comerse la manzana (esa que no se va a comer), cuándo se iba a quedar dormida en el bosque (que tampoco), mientras yo cabeceaba y pensaba en una isla del Egeo en la que perderme en cuanto las cosas se me pongan a tiro.
Y ahora, mientras recuerdo la película, los enanos, la insulsa Blancanieves, la inexpresiva mirada de Julia Roberts, el tontineti del príncipe, sigo pensando que es una estafa y que lo mejor de todo ese bodrio envuelto de superproducción es el estupendo vestuario con el que se disfrazan estos personajes de folletín de la mano de Eiko Ishioka (cuyo nombre anoto un pañuelo de papel, a oscuras, mientras leo los títulos de crédito.
Una estafa de diseño y poco más.
© Del Texto: Anita Noire


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