Una noche en la ópera: La mejor de las referencias

Hacer reír a otro, no sólo sonreír, sino provocarle una sonora carcajada no es algo sencillo y menos en los tiempos que corren. El humor inteligente que excluye el gesto grosero, el insulto o la exaltación de las carencias de otro, no son fáciles de encontrar. Sin embargo, hubo un tiempo, hubo un modo de hacer cine donde eso fue posible. Las películas de los Hermanos Marx son una buena muestra de ello.
El disparate organizado que fluye desde la desorganización y el caos más absoluto para volverse a organizar y mantenerte en expectante actitud para el próximo gag, eso, era una de las muchas virtudes de Groucho, Harpo, Zeppo Marx y Margaret Dumont. Humor del blanco con una retranca espectacular. Humor que, pese al tiempo que ha transcurrido desde su filmación, continúa manteniendo la frescura que en su día debió tener.
Una noche en la opera es sin lugar a duda una de las películas más famosas de los Hermanos Marx, la primera en la que ya no intervenía Zeppo. ¿Quién no recuerda la famosa escena del camarote en la que de un modo casi imposible se va llenando de personas hasta convertir aquel reducido espacio en un lío de brazos y pierna? ¿O aquella otra, tan famosa o más que la anterior, en la que Groucho con la habilidad de un buen liante se lía con lo de la parte contratante de la primera parte? ¿O la bonita declaración: Todo en ella me recuerda a Ud., excepto Ud.?
El argumento de la película pueden encontrarlo en cualquier página de cine pues, como digo, es casi con toda seguridad una de los clásicos de la comedia de las que más se ha hablado, escrito y publicado al respecto.
Sin embargo, para los que quieran una pincelada sólo apuntarles que la trama se desarrolla entre Milán, un trasatlántico y Nuevas York. Con una compañía de cantantes de ópera que viajarán de Italia en esa travesía marítima para llegar a América donde debe triunfar la compañía. Y todo este periplo dinamitado por surrealistas historias de amor, cómicos encuentros y desencuentros hasta llegar a hilarantes situaciones.
La película además, realizada con una cuidadísima producción tiene una maravillosa fotografía con unos planos exquisitos pese a los cómico que rodea muchos de ellos.
No me cansaré de repetir, una y otra vez, que en el cine clásico tenemos nuestras mejores referencias y que lo bueno, en el cine como en todo, acaba perdurando en el tiempo.
© Del Texto: Anita Noire


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