Pina

Wim Wenders firma este documental que recuerda y homenajea a Pina Bausch.
No entiendo mucho de danza. Y, posiblemente, no he logrado entender mucho de lo visto. Pero la plasticidad del documental, el montaje que alterna las coreografías con las intervenciones de los bailarines que estuvieron a las órdenes de Pina Bausch, una fotografía magnífica de Hélène Louvart, y una dirección extraordinaria de Win Wenders, me han cautivado desde el primer minuto.
Los bailarines fundiéndose con el entorno, sus deseos convertidos en realidad mientras están la calle, amores rotos, amores nuevos, la libertad, la soledad, todo tipo de sensaciones convertidas en un movimiento. Los elementos básicos convertidos en vitales para que la danza sea auténtica.
Los encuadres son precisos y preciosos. Wenders mima con la cámara todo lo que los artistas tratan de decir. Los movimientos son delicados. El director quiso rendir tributo a su amiga haciendo un trabajo de primera categoría.
Durante todo el metraje, la figura de Pina está presente. Su forma de entender el baile, su forma de tratar a los bailarines, la libertad que cualquiera que se acercara a ella tenía para trabajar.
Este es un documental excelente. Y lo dice alguien que no entiende la danza, que no sabe valorar adecuadamente algo que, por otra parte, le ha tenido pegado a la butaca de principio a fin.
Me quedo con la escena en la que una mujer intenta que su amado no la abandone. Por su belleza. Y con el hombre que baila sobre la tierra de una cantera. Porque la fusión de entorno y artista aparece con fuerza, sin dejar un milímetro a la duda. Pero, también, me quedo con el conjunto porque es asombroso.
Si pueden verla en una sala de cine y en 3D, mucho mejor. Creo que es la primera vez que alguien utiliza este recurso (que detesto) para hacer que el cine sea algo mejor y no para vender lo que no hay u obligado por las modas.
© Del Texto: Nirek Sabal

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