Confessions: Desastre narrativo o más

El cine es un espectáculo con su propia coherencia interna; un arte que se sostiene sobre unas reglas que pueden modificarse con y en el tiempo, pero que existen y deben respetarse aunque sólo sea mínimamente. Una de esas reglas, común a cualquier manifestación artística, es que se debe representar una realidad compartida. Sin esto todo se convertiría en absurdo, imposible de entender y perdería valor alguno, estéril; y esto nos llevaría a plantear otros problemas que tienen que ver con la estética, con la mecánica narrativa o con el último fin del cine que no es otro que el comunicar. Lo que sea, pero comunicar al fin y al cabo. Buscando una respuesta del observador o sin buscarla, pero comunicar. En el caso del cine, si, por ejemplo, mostramos una serie de imágenes bellas o extrañas o repugnantes sin contar nada sino buscando alardes estéticos, quedando la propuesta en la forma sin llegar al fondo; no estaremos haciendo cine. Eso sería más una ciclogénesis explosiva de carácter onanista, pero cine lo que se dice cine, no. Porque, en cine, es el guión el que convierte ese producto en la representación de la realidad que buscamos.
Confessions es una película aplaudidísima en su momento por sectores determinados del gran público y por algunos jurados de premios importantes como, por ejemplo, el de la Academia de Cine de Japón. Desconozco si es que no tenían otra cosa que aplaudir y se lanzaron con locura a lo primero que vieron por allí. Tal vez estaban de coña. No lo sé. El caso es que Confessions es una película de cine (mala) que acumula, de principio a fin (apelotona) imágenes para algo que no alcanzo a entender. La firma Tetsuya Nakashima y es una adaptación de la novela de Kanae Minato. Ya les aviso que la novela es igual de mala. Extraordinariamente mala. Es verdad que esas imágenes son bellas (no todas, claro) y que el director intenta enfrentar tonos azulados y grises con los personajes aunque el problema es que no hay personajes. Son fantoches. Entonces, enfrenta colorines y fotos bonitas con nada. Además, el guión no se sostiene, se vacía a los cinco minutos de película definitivamente y sin solución alguna. La película se hace irrecuperable desde muy pronto.
Por un lado, la credibilidad es escasa o nula. Imaginen que una profesora entra en el aula de sus hijos (de los de usted) y les dice que la leche que han bebido estaba infectada con el virus del SIDA. Eso de infectar la leche con sangre ya huele a idiotez, pero es aún peor intentar colar que treinta chicos y chicas no dirán una palabra o que si lo hacen (es lo más probable) allí no pasa nada. Es sólo un ejemplo y no es el peor en esta película.
Además de ser inverosímil, deja a medias casi todo. Si ven esta cosa o si ya la han visto, piensen en el profesor con pinta de gilipollas y ridículo. Aparece, toma relevancia y desaparece sin dejar rastro. Hale, ya está. Debe ser que el director tenía alguna imagen preciosa más que sumar al resto. Eso o te dicen que una de las chicas que andan por la pantalla sin ton ni son se dedica a envenenar a las familias enteras. Sin explicación. Esta es asesina aunque no lo parezca. Y ya está. Es insultante.
No sigo porque me da pereza. De verdad. Creo estar haciendo un esfuerzo que esta película no se merece. Aunque no puedo dejar de señalar el gran desastre. Lo hago por ustedes para que no pasen por la experiencia que he pasado yo. Verán, la película se titula Confessions porque se supone que cada personaje irá añadiendo un punto de vista a la acción. Pues yo no había visto nunca jamás semejante chapuza. Lo que hace el guionista, en realidad, es llenar lagunas que dejaron los demás (intencionadas para escatimar información al espectador, claro) o hacen que avance la acción dando giros absurdos a la trama. El narrador es siempre el mismo. Se lo garantizo. Y el narrador es el punto de vista. Así que el resultado es patético. Desastre es poco.
El asunto que intenta ventilar el director es la venganza. Eso creo. Por supuesto, lo hace mal. Se queda en la superficie; es como si algo así no tuviera que ver con la persona sino con lo que hace él u otro. La conciencia del personaje, la consciencia del personaje, parecen no existir. Se plantea todo como acción-reacción. Ya está. Más desastre.
En fin, que Confessions es una castaña pilonga. Una especie de vídeoclip de estética manga que aburre a cualquiera. Por cierto, la dirección actoral es sorprendente. O convierte el trabajo del elenco en un espectáculo de histrionismo desbordado o hace que parezca un grupo de muertos vivientes, sosos como ellos solos.
Eso sí, si alguien quiere saber cómo no se hace cine, si alguien quiere comprobar cómo alguien es capaz de cometer todos los errores posibles en un solo trabajo, que no se la pierda.
© Del Texto: Nirek Sabal


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