El gran argumento del cine porno

Hubo un tiempo en el que la gente acudía al vídeo club para alquilar películas. Y no eran pocos los que buscaban una copia de Blancanieves y los siete enanitos durante más tiempo de lo normal. Si comprobaban que eran los únicos clientes del establecimiento (esperaban hasta que así era), se acercaban al mostrador para hacer una consulta (¿cuántas veces se habrá repetido?).
- Oye, quería que me recomendaras una película de esas (esto se decía señalando con el dedito las estanterías del extremo y que muchas veces estaban tras una cortina). Pero no quiero una que solo sea de sexo. A ver que puedes darme que tenga argumento. No he visto ninguna en mi vida y no sabría escoger yo sólo.
El dependiente, muy serio, miraba con gran atención hacia las estanterías y salía de detrás de su mostrador decidido. Tomaba una copia y decía que le habían contado que esa película era de las buenas. Él, tampoco, había visto una película así en su vida, pero que tenía clientes que entendían de cine y se fiaba de ellos.
Seguramente, ambos sabían que aquello, ese maravilloso argumento, iba a consistir en lo siguiente: Un tipo llega a una casa en la que hay una mujer. Y sin venir a cuento, como si la cosa fuera obligada, se lían a follar. Eso mismo se repite varias veces y la película acaba sin ton ni son.
Un argumento sencillo. Hoy sigue siendo la historia habitual.
Muchas veces he pensado cómo sería un argumento original y hondo para una película de cine porno. Siempre termino en el mismo lugar. Un tipo llega a una casa en la que hay una mujer. Y sin venir a cuento, como si la cosa fuera obligada, se lían a follar. Eso mismo se repite varias veces y la película acaba sin ton ni son. Pero tengo uno en la cabeza que podría servir, una trama extraordinaria que haría las delicias del gran público.
Este es el resumen que, como comprobarán, es excelente.
Planeta Tierra. Año 2831.
Un solo gobierno ordena el mundo en su totalidad. La superpoblación es tan disparatada que ese gobierno ha prohibido a los humanos mantener relaciones sexuales de cualquier tipo entre ellos. Se declara el onanismo religión oficial y ellos se autoproclaman dioses (como pueden comprender son los curas de hoy los que gobernarían ese mundo futuro). Pero una cosa es la ley y otra cumplirla.
Nuestros protagonistas, dos hombres y dos mujeres (nadie tiene nombre, nadie está registrado en parte alguna y puede desaparecer sin dejar rastro de su existencia) están enamorados. Y lo que tiene el amor es que la cosa termina como termina. Se buscan todo tipo de excusas para poder practicar sexo en todas sus variantes. En pareja, a solas, en grupo, ellas con ellos, ellas con ellas y ellos, ellos con ellos y sin ellas, con la ayuda de frutos tropicales, manejando electrodomésticos, usando productos perecederos, con antigüedades. Aunque (esto es lo más fuerte) están siendo perseguidos. Los policías que les intentan dar caza se suman a la juerga a la primera de cambio como era de esperar. El que se acerca a nuestros protagonistas termina aumentando el círculo de sus amistades. Y el gobierno se viene abajo.
¿A que mola?
Damas y caballeros, el cine porno es lo que es. Nada podrá cambiarlo. Y por muy estupendo o solemne que se ponga el guionista o como se llame a estos señores en cine porno, follar es follar y mirar como lo hacen unos actores frente a la cámara es, también, lo que es. Ni la mismísima Soraya Saenz de Santamaria con esa cara que gasta para hablar y ese tono de solemnidad ridícula lo podría cambiar.
El cine porno forma parte de la colección de tabúes occidentales. Ya saben eso del pecado cristiano que nos ha tenido acojonados durante siglos. Y seguiremos accediendo a él como si fuéramos a destruir el mundo entero.
El cine porno seguirá siendo un trabajo en el que el argumento se reduce a follar de la forma que sea. Ni una línea de diálogo en la que sostenerse porque todo intento de creatividad narrativa se verá eclipsada por unos actores que follan sin descanso.
Además, el que escribe no cree que tenga nada de malo. Mientras no se utilicen niños ni se hagan salvajadas, mientras el sexo sea consentido es más que saludable que quién no tenga nada mejor que hacer se meta, entre pecho y espalda, una peli de estas.
Nada de argumentos, nada de adornos. Follar, que es muy sano.
© Del Texto: Federico de Vargas y Expósito


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