La Paura (Ya no creo en el amor): El engañador engañado

Algunos tándems tienen una fuerza brutal y esa misma intensidad en la que viven, en el caso del cine, se transmite sin fisura alguna a la gran pantalla. Esta circunstancia, la de la intensidad, es el común denominador de la práctica totalidad de películas en las que interviene Ingrid Bergman, actuando bajo las ordenes de quien fue su esposo, Roberto Rosellini.
Una muestra de lo que ahora digo la pueden ver en la película La paura .
Irene Wagner (Ingrid Bergman) está casada con Albert Wagner (Mathias Wieman). Este matrimonio, poco consciente o apreciado por Irene, se sostiene sobre la base del engaño de la esposa que mantiene un romance con Eric Baummann (Kurt Kreuger). Infidelidad que pretende mantener oculta, para salvaguardar las apariencias no sólo frente a la sociedad bien pensante en la que viven, sino incluso frente a su esposo, sosteniendo ese matrimonio ideal, sobre los mimbres de la infidelidad más contumaz y reiterada. Pero el desasosiego de Irene comenzará en el momento en que Johann Schultze (Renate Manhardt), una antigua novia de su amante aparece para chantajearla con hacer público el adulterio, hacérselo saber a su esposo. Para ello la extorsionará hasta desesperarla y transformarla en un ser atormentado vencido por el miedo y la rabia. Pero la maldad del ser humano no tiene límites y la capacidad de soportar algunas cuestiones pueden ser determinantes a la hora de pensar en poner fin a una vida que se ha convertido en un auténtico infierno. Descubrir que tras esa espantosa realidad que empezó con un frívolo capricho, se esconde otra aún más oscura, será definitivo para Irene. Es la historia del engañador engañado.
Con esta película, Rosellini, narrada por una Irene ya fallecida, nos coloca frente a una manera distinta de hacer cine completamente distina a la que se venía realizando a mediados de los años 50. Un drama existencialista absolutamente rotundo al que pocas objeciones se pueden hacer desde un punto de vista narrativo, si bien puede que el final de la película nos parezca un tanto abrupto, tal vez precipitado, en conjunto podemos afirmar que nos encontramos ante una película perfectamente tramada y conducida y, lo que es más evidente, espectacularmente interpretada por la sueca Ingrid Bergman.
Esta película fue la última en la que trabajaron conjuntamente Bergman y Rosellini quien, pese a lo que se diga, a lo mal que pudieran o no terminar sus relaciones, fue con diferencia el director que mejor supo sacar, a la actriz, el animal interpretativo que era.
De vez en cuando conviene rescatar el cine clásico porque, pese al paso del tiempo, sigue siendo terriblemente emocionante.
© Del Texto: Anita Noire


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