El abuelo tiene un plan

Para quien no lo sepa, los que nacimos con el baby-boom pasamos la mitad de nuestra infancia ante televisores que, primero en blanco y negro, después en color, llenaban nuestras tardes de sábado y domingo. Puede que, precisamente por eso, casi todos los de mi generación conocemos al dedillo las películas de Paco Martínez Soria y, como en mi caso, seamos fans incondicionales de estos actores de los que, hoy, apenas queda rastro más que sus películas.
Y no me avergüenza decir, sino todo lo contrario, que soy muy fan de Paco Martínez Soria y que una de mis películas favoritas es El abuelo tiene un plan, de la que, pese que a algunos les cueste creerlo, dispongo de un bonito DVD que, de vez en cuando, aún veo para solaz de mis recuerdos.
En el año 1973, Pedro Lazaga, dirigía la película El abuelo tiene un plan, protagonizada por Paco Martínez Soria en su papel de Leandro Cano, Isabel Garcés como Elena y José Sacristán en el papel de Julio, que contó con el cameo del propio escritor de la obra de teatro, que da origen esta película, Alfonso Paso.
Esta comedia blanca, blanquísima, narra las peripecias de Don Leandro Cano, hombre entrado en años, con una recula de nietos que a través del Dr. Bolt (Alfonso Paso) conoce a una mujer llamada Elena (Isabel Garcés), juntos iniciarán una relación que llevará de cabeza a los familiares de ambos, al hijo de él (José Sacristan) y a la hermanda de ella (Maruja Bustos). Los amores otoñales no son sólo cosa de estos tiempos que corren, sino que allá por los años 70, cuando la censura, pese a que empezaba a relajarse, continuaba actuando con tijera férrea, también se daban.
No busquen más allá, la película no da más de sí que de las graciosas y cómicas situaciones en las que los otoñales enamorados se van encontrando, carreras, hoteles, borracheras de champagne, etc. Es posible que en estos momentos, casi cuarenta años más tarde, los posicionamientos de unos y otros ante ese amor inmoral parezca ridículo, y lo es. Sin embargo, a mí, que he crecido con ello, me parece sumamente enternecedor a la par que divertido.
Y es que, qué quieren que les diga, a mí que el abuelo, éste o el que sea, tenga un plan, me parece algo estupendo, delicioso. Y si además, como en este caso, la cosa se pone graciosa, aunque parezca que pertenece al pleistoceno, pues como que es mucho de agradecer.
© Del Texto: Anita Noire


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