La noche americana: Homenaje y autohomenaje

Si una película representa el amor total por el cine, esa es La noche americana de François Truffaut.
El cine dentro del cine, la película total, el carácter permanente de la ficción rodada ante lo efímero de la vida, la mezcla de realidad y ficción que no es otra cosa que la propia realidad, la técnica enroscada en el imprescindible valor humano. Y las obsesiones de un autor que nos enseña su mundo desde el territorio del sueño, de la literatura y, por supuesto, desde el propio cine.
La noche americana es el nombre de la película y hace referencia a ese artificio que permite rodar a la luz del día escenas que parecerán rodadas en plena noche. Daybynight es como se llama el recurso técnico. Ya dice mucho ese título; es casi una declaración de intenciones. A través del rodaje de una película (este sería el filtro para apagar la luz) veremos la película. Es un extraordinario trabajo en el que se nos arrastra hasta la cocina del cine, hasta la cocina de la consciencia del propio director y, esto es estupendo, hasta la cocina de la propia película.
Lo que cuenta La noche americana es el rodaje en Niza de Je Vous Présent Pamela. Los inconvenientes del rodaje, los caprichos de los actores y actrices, el ejetreo del día a día, artefactos y artificios utilizados en el rodaje. Pero, también, nos cuenta el amor (bastante singular la visión; un amor muy a la francesa), el cómo lo artificial del cine se sustenta sobre las personas, la forma de construir un grupo humano que se deshace al terminar el trabajo. De paso, Truffaut, deja un sueño en el que siendo niño roba en un cine los fotogramas de la película Ciudadano Kane. Parece que es el robo del siglo, lo que dice mucho del amor que sentía este hombre por el cine. También, su forma de ver a las mujeres, las relaciones múltiples entre adultos y la infidelidad (es decir, sus obsesiones).
Y todo este estruturado en un guión muy bien armado del que el autor es el propio Truffaut junto con Jean-Louis Richard y Suzanne Schiffman. La acción se desarrolla, gracias a una escritura magnífica, con un ritmo pausado y detallista, sin trompicones a pesar de todo lo que se quiere contar. Es, por esta razón, por lo que el metraje es algo más largo de lo habitual. Eran los años 70.
En definitiva, La noche americana, es un homenaje enorme al cine. Si quieren al cine y a los que lo vemos. Un homenaje realizado con gusto y acierto, con una dirección actual sobresaliente (Jacqueline Bisset está estupenda y bellísima; Valentina Cortese creíble, lo que supone una gran y extraña noticia; y el mísmísimo Truffaut se desenvuelve bien; en general, todo el reparto está a la altura de una gran película).
La noche americana fue premiada con un óscar el año 1973. A la mejor película extranjera. Merecido. Tanto como este homenaje que se da y nos entrega Truffaut.
© Del Texto: Nirek Sabal


Imagen de previsualización de YouTube


Comentarios cerrados.