Poderosa afrodita: Lejos de la burguesia y el psicoanálisis

Woody Allen siempre intenta explorar territorios diversos en cada una de sus películas. Suele hacerlo con acierto. Y, algunas veces, con gran solvencia, con mucha gracia y hondura.
En Poderosa Afrodita intenta la tragedia; se agarra a la literatura griega y utiliza sus esquemas sin esconderse. De hecho, forma un coro para hacerlo funcionar de principio a fin. Un coro que, como en los teatros griegos, ayuda al espectador para que comprenda lo que sucede; un coro que reacciona como debería hacerlo el público que asiste al espectáculo. F. Murray Abraham es el que interpreta el papel de corifeo. Para encontrar un nexo más poderoso, Allen utiliza la figura de Tiresias el ciego y Cassandra que profetizan sobre el futuro de los protagonistas. Hay quien ha dicho que este coro es una gamberrada que no aporta nada a la película. No es así. El coro narra el mito de Edipo que tiene grandes similitudes con la historia que cuenta la película; y termina siendo la misma cosa. O casi. El problema de este coro es que puede sacar al espectador de la película (y luego hay que entrar de nuevo, claro) hasta que este se habitua a las apariciones del corifeo y compañía. No es algo normal y quien mira necesita un aprendizaje. En cualquier caso, el coro sustituye a la voz en off de otras ocasiones en los trabajos de este director.
Allen, esta vez, abandona a sus personajes aburguesados que hacen cola en la puerta del psicoanalista. Lo hace para encontrarse con boxeadores idiotas, mafiosos de tres al cuarto y actrices porno. Todos incultos aunque capaces de razonar con cierto rigor desde un punto de vista algo especial. Aunque es excesivamente cariñoso con ellos (nos enseña sólo su lado más amable y divertido) el cambio es agradable y Allen les saca buen partido a todos.
Lenny Weinrich (Woody Allen) es comentarista deportivo. Su esposa Amanda Sloan (Helena Bonham Carter) es artista. Deciden adoptar un hijo. Con el tiempo, Lenny siente la necesidad de conocer a su madre. Comienza la búsqueda y descubre que la mujer es actriz porno y meretriz (Mira Sorvino). El resto mejor que lo descubran ustedes mismos o que lo recuerden si ya vieron la película.
Helena Bonham Carter está sosita en su papel aunque es de sospechar que Allen (él está en su línea interpretativa habitual) la esconde para que sea Mira Sorvino la que se luzca, Esta mujer defiende su papel con fuerza y de forma admirable. El director saca petróleo de esta actriz. El resto del reparto pasa desapercibido puesto que sus papeles son muy secundarios.
La banda sonora es deliciosa. Jazz clásico y de gran calidad. La puesta en escena impecable y el montaje notable.
La película está francamente bien concebida y el guión tiene la chispa que Allen muestra en sus mejores trabajos. Algunos diálogos son extraordinarios. Ya saben que sin diálogo no hay nada que hacer y Allen lo tiene muy claro. Con este de Poderosa Afrodita conocemos el punto de vista del director respecto a las obsesiones humanas, la curiosidad, la falta de seguridad frente al silencio divino que convierte cualquier intento de diálogo, inmediatamente, en un monólogo. El asunto de Dios, ya se sabe, es recurrente en la obra del director norteamericano. Un guión que indaga en estos asuntos con fuerza, con calidad y un ritmo narrativo muy ajustado a las necesidades del relato.
Si quieren asistir a una interpretación estupenda (la de Mira Sorvino), si quieren conocer la periferia social de la mano de Woody Allen, si quieren creer que todas las vidas son iguales aunque la cosmética sea diferente; no dejen de ver esta película. Se divertirán.
© Del Texto: Nirek Sabal


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