Los infieles: Lo cierto desde el humor

Sobre las infidelidades no es que esté todo escrito, es que está fotografiado, pintado, filmado e interpretado, porque la infidelidad existe desde que el hombre es hombre y la mujer es mujer. Desde que el homo sapiens ocupaba la caverna y hasta estos momentos en los que el personal se las apaña para coronar, como puede, con unos cuernos estupendos a través de pantallas de teléfonos, Macs, PCs, Ipads, Iphones y demás martingalas que permitan galantear y darse una buena dosis de autocomplacencia y, si puede ser, de sexo sin compromiso.
Y como las cosas son así y no siempre podemos estar tirándonos de los pelos por la existencia de algo que existe y es consustancial al ser humano, digan lo que digan y se pongan como se pongan los que niegan la mayor, lo mejor es tratarlo con grandes dosis de buen humor, dejarnos arrastrar por tópicos típicos y morirnos de risa ante las situaciones, en ocasiones ridículas, en las que las personas humanas (es un chiste), nos colocamos; todo ello sin perder de vista que, eso que hace que nos desternillemos, en ocasiones pone, a unos y a otros, en dramáticas posiciones.
Una de las mejores muestras de lo que ahora digo es sin duda la película Los infieles, una secuencia de seis cortos, en los que se nos pone delante seis maneras distintas de infidelidad masculina, todas ellas enlazadas a través de pequeños gags humorísticos que tienen como tema central el cómo se la juegan los hombres a las mujeres.
El proyecto nació en la cabeza del Jean Dujardin quien, sin dudarlo, lo planteó a su colega y amigo, Giles Lellouche, y ambos decidieron llevarlo a la gran pantalla, convirtiéndose ellos mismos no sólo en los protagonistas de las historias que contiene película, sino, incluso, dirigiendo uno de los cortos. Para el resto de historias, contaron con la colaboración de cinco directores más: Emmanuella Bercot, Fred Cavayé, Alexcander Courtès, Michel Hazanavicius y Eric Larigua.
Las seis historias, como he dicho, están protagonizadas por Jean Dujardin (Les petits mouchoirs, The Artist) y por Gilles Lellouche (Ma part du Gâteau, Paris, Ma vie ne past une comedie romantique, Les petits mouchoirs) y pasan de los momentos más hilarantes, en los que uno cree que va a explotar de la risa, hasta los momentos en los la tensión en la que les colocan los personajes es tal que creemos que el drama va a explotar entre sus manos.
Las historias están vistas todas desde el punto de vista del varón, y coloca a la mujer en esa tópica postura de hembra sufridora que sobrelleva como puede los cuernos de su marido infiel. Y si bien todas y cada una de las historias son independientes -menos la primera y la última que cerraran el círculo en el que nos van envolviendo a lo largo de toda la película- cada una tiene un punto en común que reside, no sólo en que los actores que las protagonizan son los más que guapos y estupendos Dujardín y Lellouche, sino en la confluencia de todos los infieles personajes en una terapia contra la infidelidad, capitaneada por una psicóloga con bastantes pocas capacidades persuasivas. Las historias van desde el típico congreso profesional en el que el plasta de siempre intenta ligar al precio que sea; la del guapo cuarentón en pleno éxito profesional que liga con una veinteañera por la que pierde la cabeza mientras ella pierde la bragas por el primero que le pasa por delante; los dos amigos (guapos y triunfantes) que desde siempre se cubren las infidelidades para que las esposa no las descubran; la pareja que jugando a decirse la verdad, como si ello no les afectara, acaba viviendo un maremoto en su vida al descubrir que ni uno ni otro era tan fiel como parecía; los amigos que deciden marchar a Las Vegas para dar rienda suelta a sus fantasías sexuales.
Sin duda, es una buenísima opción para perder el tiempo, para sonreírse con los tópicos habituales de que los hombres son infieles por naturaleza y por puro sexo y las mujeres por enamoramientos fatales.
Algunas cosas hay que tratarlas, hay que hablarlas;  y, si puede ser, sacándole la acidez pues mejor que mejor. Una película muy divertida, con algún pasaje que podríamos decir que es un tanto pasado de vueltas pero tan adecuado, amargo y a la vez divertido que no sobra nada en absoluto.
© Del Texto: Anita Noire


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