Mulholland Drive: Sueñen, por favor

Desde que el hombre es hombre, desde que ha tenido que explicarse las cosas, los temas que se manejan en los relatos han sido los mismos. Se les han dado un millón de vueltas, tal vez más, pero son siempre los mismos. Esto significa que todo está contado. Leemos La Odisea y allí está todo. ¿Qué es lo que nos sigue llamando la atención? El punto de vista por un lado. Por otro, el poder conocer la psicología de un personaje. Si el punto de vista es el del personaje del que podemos conocer la consciencia, el interés crece. Porque lo demás, sea como sea que nos lo enseñen, ya lo sabemos.
Pues bien, David Lynch es uno de los autores que mejor manejan esos dos ingredientes al hacer sus películas. Desde luego, sus trabajos son difíciles de entender y no gustan a todo el mundo; entre otras cosas porque son muchos los no se enteran de nada. Más que nada porque las exigencias en las salas de cine funcionan mal. Todo lo que tiene que ver con el sueño del personaje, con la zona psicológica, hace que la comprensión sea un reto. Salvo que todo sea evidente (y esto es lo que se conoce por chapuza narrativa, guste o no guste a los que las realizan pensando que el espectador o el lector es imbécil) la mente del personaje es un puzzle muy difícil de componer encajando las piezas en su sitio y no en uno parecido al bueno.
Mulholland Drive habla del desamor y de sus consecuencias. Es una excelente película dirigida por Lynch. Es una excelente película interpretada por Naomi Watts, Laura Elena Harring y Justin Theroux entre otros. Es una excelente película que habla de un asunto más que tratado en otras obras utilizando una historia sencilla aunque relatada (casi en su totalidad) desde la zona onírica de uno de los personajes, desde las obsesiones ocultas. Y no es que Lynch se limite a dar una vuelta de tuerca a la trama, no, da muchas más y con gran acierto.
Antes de continuar, un aviso para todos aquellos que no conozcan esta película y tengan intención de verla: a partir de aquí se pueden desvelar zonas muy importantes de la trama y se intenta dar una explicación al relato. Dejen de leer si no quieren saber cosas que deberían averiguar ustedes frente a la pantalla.
En Mulholland Drive se cuenta la historia de una joven actriz (sin suerte, sin grandes dotes artísticas, sin casi nada que le pueda hacer triunfar) que acaba de dejar a su pareja (otra mujer) por estar locamente enamorada de una actriz con mucha más suerte, más dotes y un novio director de cine que la puede hacer triunfar. Para nuestra joven actriz esa nueva relación es seria, importante. Para la otra parte es un juego, una frivolidad más. Esta anuncia su próximo matrimonio con el director de cine. Y nuestra joven fracasada decide enviar a un asesino a sueldo para que la liquide. Así es y el arrepentimiento es tan fuerte que la muchacha se salta la tapa de los sesos cuando no puede resistir más. Ni más ni menos. El resto son detalles en los que se apoya un argumento que no tiene más. Pero todo esto lo sabemos al final de la película. Cuando un personaje vestido de vaquero le pide a nuestra chica que se despierte. Todo lo anterior es un sueño, forma parte de la zona onírica del personaje. Un sueño en que están todos los personajes que aparecen, finalmente, y forman parte de la realidad de la chica. Lógicamente, tres cuartos de la película lo configuran los deseos de la muchacha, una vida que debería ser de un modo idílico aunque no es así. Y es cuando despierta cuando todo toma sentido. cada escena, cada palabra, explotan dentro del espectador que comienza a colocar las piezas donde corresponde.
Desde el principio, Lynch avisa de lo que está sucediendo. Escenas en las que aparecen cosas que no encajan (la primera muestra un concurso de baile y a la protagonista que parece haber ganado algo, pero con un vestuario que no corresponde, junto a unos ancianos que aparecen un poco más adelante en actitud, al menos, extraña). Hay situaciones que son hilarantes y a la vez increíbles. Por ejemplo, la escena en la que el sicario comete tres crímenes seguidos metiendo la pata hasta el fondo (este es el deseo de nuestra protagonista; el asesino es el que ella ha enviado a matar a su amor y quisiera que todo fuera mal por puro arrepentimiento). Los mafiosos que llegan a la productora de cine y representan los intereses oscuros, resultan patéticos y hacen que comience una situación desastrosa del director de cine que se casará con el amor de la chica. Un casting en el que nuestra protagonista deja boquiabiertos a todos (claro reflejo de lo que ella quiere que ocurra alguna vez). En fin, un sueño que nunca se hará realidad porque la realidad es la que es. Sólo en el último tramo de la película, comenzamos a entender todo esto. El espectador, también, ha estado soñando con esa realidad ficticia dentro de la cabeza de la protagonista.
Todo es sencillo y, al mismo tiempo, tremendamente difícil de encajar. Podríamos seguir con más ejemplos, pero creo que ya sería excesivo.
Mulholland Drive es, sencillamente, magnífica. Porque el guión es inteligente. Pero, además, las actrices principales defienden sus papeles con gran credibilidad (especialmente Naomi Watts); el montaje es de una astucia poco común; los encuadres son los adecuados y la mano de Lynch se nota presente cada segundo (esto es como tener un cheque en blanco en la mano). De paso, para que todo sea perfecto, la banda sonora resulta de lo más agradable puesto que acompaña la acción sin estridencias, cumpliendo el papel que una banda sonora debe tener en buena parte de las películas: matizar la imagen.
No se la pierdan. Y dejen que la historia les arrastre. Sueñen.
© Del Texto: Nirek Sabal


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