Adiós a las armas: La guerra sin medios

En 1932, Frank Borzage, rodó Adiós a las armas, basada en la novela homónima y autobiográfica de Ernest Hemingway. Una película protagonizada por Gary Cooper en el papel de Frederick Henry y Helen Hayes en el papel de la enfermera Catherine Barkley.
Durante la primera guerra mundial el periodista Fred Henry (Gary Cooper) se alista al ejército como conductor de ambulancias a fin de poder seguir de cerca los acontecimientos. Durante su estancia en el frente, al que se le destina después de filtrear  con una enfermera (Catherine) en la que está interesado el Mayor Rinaldi (Adolphe Menjou), Fred es herido e ingresado en el hospital militar en el que está destinada Catherine quien durante el conflicto bélico perdió a su prometido. Mientras la enfermera cuida del periodista surgirá el amor, la pasión. La guerra le separara y las cartas que uno y otro se cruzarán durante ese tiempo nunca llegaran al destino y Fred decide abandonar el frente para acudir en busca de Carherine.
La película nos muestra como, en el marco de la contienda bélica, una de las mayores ruinas del mundo habida hasta entonces, un hombre y una mujer, tocados por el horror de la guerra intentan sobrellevar una relación basada en el impulso, en la unión generada por atracción inexplicable de los que nada tienen en común y, al amparo del desastre, se aproximan en búsqueda de una normalidad que ha desaparecido por completo.
Un clásico del cine bélico, de aquel se hacía sin medios, donde la carga y el peso de la película radica en la extraordinaria interpretación de los actores principales quienes, a lo largo de toda la filmación consiguen transmitir los sentimientos y emociones por los que transitan en medio del hostil ambiente que les rodea. No intente ver esta película bajo el prisma de las realizaciones modernas porque nada tiene que ver. Deben verlo con los ojos de quienes en las primeras décadas del siglo XX se acercaban a un cine en blanco y negro, apenas sonoro, con escasos recursos, y que empezaba a gatear, con una fotografía que hoy nos resultaría excesivamente oscura y tosca pero que no fue considerada así en su momento.
Sin embargo, no podemos olvidar que nos encontramos frente a una de las maravillas del cine clásico que hace un verdadero alegato contra la guerra.
© Del Texto: Anita Noire


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