¿Y ahora, adónde vamos?

Dos son las películas que hasta ahora ha escrito, dirigido y coprotagonizado la libanesa Nadine Labaki, la primera Caramel en el año 2007 y  la última, en el año 2011 ¿Y ahora, adónde vamos?
Una enfoque original sobre los conflictos entre musulmanes y cristianos y la distinta manera en que son apreciados, vividos, por los hombres y las mujeres de estas comunidades en las que la convivencia siempre pende de un trágico equilibrio que no siempre puede evitar la destrucción.  En algún momento llega a decir una de las protagonistas de la película, una de las muchas mujeres que aparecen durante ella, ellos tienen las armas, nosotras los sufrimos. Y es que la película, no es una película de guerra, ni de enfrentamientos sino precisamente  sobre la voluntad de alejar el conflicto que nada ha aportado más que sufrimiento.
La originalidad radica en el modo en que la directora, como si de un cuento se tratara, nos cuenta la historia de un pueblo  entre montañas, en un lugar indeterminado y no señalado en ningún mapa, que tiene como único acceso un puente maltrecho y un monte rodeado de minas, conviven cristianos  y musulmanes. Un pueblo en el que las mujeres se las ingenian de todos los modos posibles para que sus hombres; esos a los que no quieren seguir enterrando en un cementerio dividido, no por un polvoriento camino, sino por las religiones de su moradores; no terminen matándose por la influencia de los conflictos externos. Porque pese a la aparente calma de un pueblo donde todos son vecinos desde siempre, donde pese a que musulmanes y cristianos se enamoran, trabajan juntos y  se conocen de toda la vida, entre ellos subyace el enfrentamiento religioso. Las mujeres, que sufren la pérdida de sus hijos, de sus maridos, de sus hermanos, evitarán, inicialmente que las noticias del exterior lleguen hasta el pueblo y posteriormente, cuando ya no pueden evitarlo intentarán distraer a sus hombres mediante mil estrategias,  destruir las armas que sólo les lleva el dolor y la desesperación, hasta que finalmente, cuando la desgracia, venida de fuera, se instale entre ellos, tendrán que optar por una solución mucho más drástica, convertirse en la fe contraria a la que cada una de ellas profesa porque, en definitiva, son mujeres que quieren preservar  sus vidas, la de sus hombres.
El modo en que la película mezcla momentos de verdadero sentido del humor (números musicales incluidos), con puntos extremos de tensión dramática, hacen que el espectador quede clavado a la silla durante toda su duración.
No es una película perfecta, adolece de algunos fallos pues ensalza algunos puntos para, sin motivo aparente, dejarlos decaer sin darles una solución, por poner un ejemplo  la historia de la cristiana Amal –la propia Nadine Labaki, enamorándose del pintor musulmán, a la que la directora parece dar mucho énfasis y relevancia al inicio de la película para soltarla a medio camino sin motivo aparente y sin que volvamos a saber de ella. Pero esta película que puede parecer inocente, pese a su dramatismo, es una auténtica maravilla en otros aspectos como es la fotografía  de Christophe Offensteinque (Pequeñas mentiras sin importancia; No se lo digas a nadie, entre otras) que nos ofrece unas panorámicas del desierto libanés espectaculares dignas de los mejores documentales (las vistas sobre el cementerio, las panorámicas sobre un pueblo sitiado por las minas), con planos interiores que se visten de colorido que acompaña a los momentos más cómicos de la historia que podrían pertenecer al cine de Bollywood (los momentos en que las mujeres cocinan los dulces rellenándolos de hashish para ofrecer a los hombres en la reunión comunal; el espectaculo de danza del vientre de las bailarinas ucranianas que se solidarizan con el sentimiento de estas mujeres que buscan salida sin desesperarse; la inicial visita al cementerio para rezar a sus muertos, etc.)
La música compuesta por Khaled Mouzanar (marido de la directora) es absolutamente deliciosa y acompaña a la historia imprimiendo de un modo perfecto  la fuerza de lo dramático o de lo cómico según el momento lo requiera.
Esta película ha recibido distintos premios, casi todo ellos, premios del público que, como sabemos, en muchas ocasiones no coincide con el gusto de los críticos. Pero pese a eso ha recibido el Premio del público a la mejor película en el Festival de Toronto del año 2011, participó en el Festival de Cannes sin recibir premio alguno si bien se llevó el favor del público y el fue nominada como Mejor película extranjera por Critics Choice Awards. Puede que en ocasiones lo no perfecto sea lo que quiera el público, puede que de vez en cuando necesite desembozarse de algunas cosas mediante estas fábulas que, alejadas de la realidad, nos permiten seguir pensando que no está todo perdido.
Una película deliciosa de las de verdad.
© Del Texto: Anita Noire


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