Celebrity: El pesimismo desde la ironía

El mundo del famoseo, para los que son ajenos a él, es tan brutal e inhóspito como fascinante. Todo resplandece en la lejanía, todo atrae de manera que se hace irresistible, pero todo palidece cuando el que se acerca descubre que el revestimiento precioso es, sólo, una fina capa que divide la mugre del sueño de muchos.
Woody Allen sabe todo esto. Lo sabe y lo ha criticado más de una vez. Desde la idiotez absoluta de los que se apoyan en una intelectualidad pomposa y más ficticia que real, hasta el montaje cultural que convierte en mierda todo lo que toca; desde un sitio a otro, Woody Allen ha ido recorriendo un ámbito enorme intentando dejar las cosas en el lugar adecuado. Lógicamente, el resultado se queda en protesta testimonial. Todo sigue siendo lo misma cosa y así seguirá por siempre jamás.
Celebrity es una comedia exquisita en su concepto y en su factura. Salpicada con un reparto de lujo. Algo más extensa en su metraje de lo que acostumbra a presentar este director porque había mucho que contar. Por supuesto, la relación entre adultos  (en pareja) tiene gran protagonismo en el guión. Y los asuntos que obsesionan a Allen terminan apareciendo (Dios, el psicoanálisis, etc.) Aunque, esta vez, el arte, los artistas, la cultura, los intelectuales y todo lo que les rodea pasan a estar en primera línea.
La elección del blanco y negro por parte del director para presentar su propuesta está más que justificada desde un punto de vista artístico. Como el mismo diría, todo lo que vemos apesta a blanco y negro. Esa ciudad, esos decorados, esos personajes, en color serían muy distintos. No se puede pintar un mundo entero de gris. Así que la opción es el blanco y negro. No hace falta decir que la puesta en escena es magnífica. Es uno de los valores indiscutibles del cine de Woddy Allen.
El guión es ágil, chispeante e inteligente. Disparate tras disparate se indaga en zonas profunda que aclaran las ideas al espectador. No las propias (eso es cosa de cada uno y Allen es siempre respetuoso en ese sentido) sino las del autor. No es lo mejor que ha escrito, pero es notable. Ya he dicho más veces que lo peor de este director sería lo mejor de muchos otros.
Las interpretaciones son algo desiguales. Este director suele realizar un trabajo de dirección actoral muy bueno. Trabaja muy bien con el elenco y se nota que es así. Pero, en este caso, son los propios actores los que ponen o quitan mucho. Algunos de ellos estaban sin construir al hacer la película, otros no dan para más y algunos otros son magníficos con director o sin él. Kenneth Branagh más que interpretar su personaje intenta parecer Woddy Allen. Los ademanes, la tartamudez que llega de la rapidez en el pensamiento y de la duda. No es que esté mal aunque se pierde en intentos (que sobran) para parecer ser otro. Judy Davis se presenta espléndida y hace que la evolución del personaje se plasme en la pantalla con gran fuerza. Leonardo DiCaprio hace de famoso joven e imbécil. Borda el papel porque, entre otras cosas, en el momento del rodaje era un famoso joven e imbécil. Charlize Theron se pasea por la pantalla mostrando belleza. Poco más. Joe Mantegna y Melanie Griffith están muy bien. Y Winona Ryder aparece espléndida en un papel que arrasa con casi todo y articula la acción de principio a fin aunque sus apariciones son escasas.
La película comienza con una palabra escrita en la pantalla. Help. Termina del mismo modo. El mensaje, en su conjunto, es desalentador. Aunque las situaciones sean cómicas a más no poder el fondo es pesimista. Escritores perdidos en su propio mundo; actores y actrices frívolos y superficiales; relaciones imposibles del creador con la realidad; robo de ideas; estupidez a espuertas. No hay solución, no hay salida.
Una buena comedia. Una película divertida. Una película que invita a la reflexión. Una película de Woddy Allen que es lo mismo que decir que es una pelicula de buen cine.
© Del Texto: Nirek Sabal


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