Amor a quemarropa:

Un guión de Quentin Tarantino arrastra, sea cual sea, la marca propia de un tipo que entiende el cine de una forma muy particular. Están garantizados el sarcasmo, la violencia, un lenguaje soez y un mundo completamente disparatado en el que todo se arregla gracias a un azar que se suele arrimar a los menos malos. Amor a quemarropa está escrita por Tarantino. Cuando escribió el guión trabajaba donde podía y no tenía un dólar en bolsillo. Hasta que no rodó Reservoir Dogs nadie le hizo mucho caso. Pero logró filmar esa película y los guiones que andaban sueltos con su firma se convirtieron en películas. Tony Scott fue el encargado de convertir el libreto en película consiguiendo una obra que marcó los años noventa aunque mucho menos de lo que debería. En manos de Tarantino hubiera sido otra cosa. Eso seguro. Y hubiera sido una cosa mucho mejor. Creo yo que no hubiera montado el trabajo de forma tan lineal. Creo yo que hubiera sido mucho más tremendo en las escenas violentas. Creo yo que nos hubiera hecho reír más con el desastre de mundo que presentaba en su guión. Y creo que hubiera elegido otro reparto.
Tony Scott no es un gran director. Mueve la cámara con cierta gracia cuando se trata de escenas de acción trepidante. Pero poco más. Y dirigiendo a los actores no es nada del otro mundo. En Amor a quemarropa aparecen muchos que más tarde serían grandes estrellas y lo hacen sin pena ni gloria. Porque convierte los personajes episódicos en menos que secundarios. Se libran (no por la dirección sino porque son muy buenos) Dennis Hopper y Christopher Walker en una escena inolvidable en la que el diálogo alcanza el mejor nivel de la película. El resto del reparto, incluidos Christian Slater y Patricia Arquette están discretos. La película, es verdad, resulta muy entretenida y casi desquiciante en su desarrollo (por la rapidez y cantidad de cosas que ocurren), pero es cosa del guión. La puesta en escena es normalita, la fotografía también, la partitura desajustada (buena música de Hans Zimmer que iría como anillo al dedo a cualquier otra película); todo es más normal de lo que parece.
La evolución de los personajes es escasa (de eso sí tiene la culpa el guionista). Terminan como empiezan. Y el final es algo previsible. Eso es algo que lima el interés del espectador aunque no se puede considerar una falta grave. La historia (siendo de Tarantino es normal) no busca grandes profundidades ideológicas ni nada por el estilo. Quiere mostrar un mundo rebosante de violencia; un mundo en el que todos somos malos y en el que sólo necesitamos una oportunidad para demostrarlo; un mundo del que hay que reírse, un mundo que no puede tomarse en serio porque el destino juega con todo sin una norma que se pueda tomar como segura. Amor a quemarropa es una película entretenida. Nada de obra maestra ni peliculón. Pero se deja ver. Sin niños alrededor. Sólo adultos dispuestos a bucear en la zona más mugrienta del mundo. Un mundo en el que el amor (la parte reluciente para muchos) resulta ser tan asqueroso como todo lo demás.
© Del Texto: Nirek Sabal


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