Mi semana con Marilyn: La emoción de lo inesperado

La emoción de lo inesperado forma parte de cualquier manifestación artística. Entrar en una sala de proyección sin saber nada más que la ubicación que vas a tener allí dentro tiene su encanto, ese encanto. En casa, frente al televisor, ocurre lo mismo. En las galerías de arte. En los museos.
Luces apagadas, atenuadas. Y la magia llega en forma de emoción. No creo que exista nada más excitante que la sorpresa de un mundo nuevo en el que te integras y del que no puedes escapar jamás.
Mi semana con Marilyn es de esas películas que el que escribe no tenía ganas de ver. Un personaje manoseado es una de las cosas que más me repelen. Aunque sea un mito. Pero la magia narrativa de esta película no llega de la zona que ocupan los personajes. Sorprendente que, con nombres famosos de por medio, la tensión llegue desde otro lugar distinto. Este es el gran acierto de la película. Marirlyn está. Sir Laurence Olivier está. Están y se hacen presentes. Pero, sobre todo, encontramos el universo de un narrador extraordinario, Colin Clark. Un narrador que interpreta, más que bien, el joven Eddie Redmayne. Su forma de narrar, tan pegada a ese sueño colectivo que todos quisiéramos alcanzar alguna vez, hace deliciosa la historia. Un sueño que es, ni más ni menos, alcanzar el amor verdadero, poderlo rozar mínimamente. Intentar enfrentar esta película desde la búsqueda del mito es un error. Al fin y al cabo, los mitos lo son porque son inexcrutables y nadie los puede interpretar. Y esto no quiere decir que la interpretación de Michelle Williams sea floja. Al contrario. Está estupenda en su papel. Pero, aunque parezca mentira, la importancia del personaje no llega de esa interpretación sino de la luz que desprende el resto, de la mirada exclusiva de un narrador muy bien dibujado.
Acompaña la trama una banda sonora cuidadosamente elegida. Y el conjunto llega apoyado en una fotografía delicada y muy trabajada. La actriz principal queda retratada de forma que tendrá pocas oportunidades de verse así en el futuro. Vestuario, maquillaje y peluquería, excelentes.
Marilyn viaja a Londres para filmar El principe y la corista junto con Olivier (muy bien interpretado por Kenneth Branagh). Durante su estancia conoce a Colin y es este el que cuenta su experiencia con la actriz durante ese tiempo. Una de las semanas se hace especialmente intensa y buena parte de la película se centra en ella. Vemos como la relación entre los dos protagonistas se hace más intensa, cómo la actriz se refugia en eso que tanto echa de menos (el amor puro, sin pliegues de ningún tipo), cómo la fragilidad del mito la hace ir y venir sin un rumbo concreto, cómo el mundo es ajeno para una mujer atormentada. Al mismo tiempo, el mundo muestra su otra cara desde el ángulo que ocupa Colin. Marilyn quisiera vivir en él, escapar de lo que representa su pasado, su presente y del terror que le genera el futuro. Colin está fascinado con el cosmos de la actriz. Y ambos pertenecen a su entorno, están condenados a vivirlo. El mismo Colin ya ha tenido una pequeña relación con una muchacha que trabaja en la misma productora que él (Emma Watson está muy bien en su papel), una muchacha de clase social distinta a la del muchacho, y sale despedido de su mundo a la primera. Cada cual ocupa el puesto que le corresponde de manera irremediable. Ese es el gran mensaje de la película.
Mi semana con Marilyn es una película muy amable con el espectador. Mi semana con Marilyn es una película sorprendente por su cuidadísima puesta en escena, por lo británico de sus interpretaciones, por ese entusiasmo que se detecta cuando alguien hace las cosas queriendo hacerlas bien. Merece la pena.
© Del Texto: Nirek Sabal


Imagen de previsualización de YouTube


Comentarios cerrados.