El invitado: La mala puntería de los malos

Denzel Washington suele hacer de él mismo en todas sus películas. Y las películas en las que aparece suelen ser, por lo general, de esas que engrosan el montón. El invitado es una de ellas. Cantidades improbables de disparos que se esquivan, persecuciones imposibles, diálogos con los que no se dicen nada; todo envuelto por un guión ya conocido desde hace un millón de años. Los malos pierden, los buenos ganan y lo son hasta las últimas consecuencias, el comienzo de la película que oculta quién es el villano (lo de ocultar es un decir porque cualquiera lo sabe a la primera aunque se haga el loco para no sentir un pinchazo en el estómago tras pagar una pasta por la entrada); es decir, la misma película a la que nos tienen acostumbrados y de las que parece que no nos cansamos si miramos la lista de películas más taquilleras.
Ryan Reynolds también participa en El invitado. Y si Denzel Washington aporta poco, este chico aparece y desaparece de la pantalla como si nada, sin dejar idea en el espectador de que es importante en la historia. Cosa normal por otra parte porque en esta película no importa nada. Ya les avanzo que no pasará a la historia del cine por ninguna razón.
Un agente secreto que se dedica a vender información al mejor postor es perseguido en ciudad del cabo por los malos (los malos que declaran serlo desde el principio porque hay malos ocultos en cada esquina). Pero, claro, es imposible que sepan todo lo que saben si no les pasan información desde la guarida de los buenos. Alguien les dice lo que necesitan. Todos salen corriendo en la misma dirección y la van palmando, poco a poco. Al final tenemos a los dos más buenos y a los dos más malos aislados en un lugar donde pueden liarse a tiros entre ellos. Y los malos ganan porque siempre lo hacen. Ya está. Eso es lo que cuenta el guionista. David Guggenheim es el nombre de este ser. Y todo esto ocurre a las órdenes de Daniel Espinosa que dedica todos sus esfuerzos a que este disparate parezca otra cosa distinta de lo que lo que es: un desastre y un paquete de primera categoría.
Si tuviera que señalar una idea que se trate en la película como justificación de tanto disparo y tanta carrera alocada, no sabría qué decir. Por más que intento ser generoso no encuentro una sola cosa que pudiera considerarse interesante o inteligente. Ni una sola cosa. Pensándolo bien, es todo un logro que alguien sea capaz de hacer una película completamente vacía.
Aburrida, repetida, desastrosa.
© Del Texto: Federico de Vargas y Expósito


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