War Horse: Modern Rin Tin Tin

Steven Allan Spielberg es un hombre dedicado a dirigir películas de cine. De las malas. Es muchimillonario a costa de endilgar bodrios largamente aplaudidos y elevados a los altares de la historia cinematográfica por críticos que deben saber de cine bastante poco. Suele abusar de la lágrima fácil, de los guiones aburridos y simplones, de actores desconocidos y fatales, de grandes medios técnicos desaprovechados y de una desesperante forma de contar las cosas. En War Horse bate cualquier registro anterior y se pierde dando vueltas a la misma cosa de principio a fin. En realidad, es necesario puesto que, si se limitara a mostrar lo justo, la película, en lugar de aburrir durante casi tres horas interminables, duraría unos quince segundos. Quizás algo menos.
La cosa va de un caballo muy listo criado por un chaval todo corazón. La vida, que es muy mala cosa, les separa. Pero, después de grandes padecimientos, aventuras, muertes y bla, bla, bla; el destino une a caballo y jovencito bondadoso. Como colofón, caballo, joven, padre y madre, se reúnen en casita a la luz del atardecer (escena muy de Lo que el viento se llevó; esa en la que la protagonista jura que no volverá a ser pobre o algo parecido). La emoción llega en esta escena acompañada de una música pretenciosa. Es decir, de emoción nada. Nada de nada, como el montón de minutos desperdiciados por el espectador que no sabe como colocarse en la butaca para aliviar sueño, cansancio mental y diversos daños irreparables en su inteligencia.
Es verdad que Steven Allan Spielberg nos ahorra esas dosis de horror y vísceras con las que nos enseña la guerra habitualmente. Aquí se limita a cambiar un perro por un caballo, al cabo Rusty por otro joven blandito que tendrá que emplear lo que ha ganado visitando una buena escuela de interpretación; y se queda tan fresco.
Técnicamente, la película no está mal. Pero siendo tan aburrida, ni siquiera eso la salva mínimamente. El vestuario está muy bien trabajado y las ubicaciones exteriores también. El resto es un auténtico desperdicio de dinero. Debería estar prohibido ser tan derrochón con la pasta tal y como está el patio.
Rin Tin Tin era mucho más divertido. Y el perro era de carne y hueso. Y la escena de Lo que el viento se llevó más conmovedora. Y todo es más que este paquete.
© Del Texto: Federico de Vargas y Expósito


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