J. Edgar: La mitad de la nada

J. Edgar es una película que quiere contar una larga e imposible historia de amor. Y lo hace apoyándose en una maraña de movimientos políticos intrigantes, de complejos de Edipo, de misterios sin resolver. La mezcla se convierte en un tostón que ni cuenta amores ni indaga en las zonas más oscuras del personaje que interpreta Leonardo DiCaprio (J. Edgar Hoover). El resultado más descorazonador es que no vemos ni esa historia ni, por supuesto, al personaje. Todo queda reducido a un cúmulo de minutos carentes de la más mínima emoción. Sin personaje no hay nada que hacer. Parece mentira que un director de la talla de Clint Eastwood no sepa algo así.
No voy a poner en duda que la vida de este sujeto fuera fascinante, pero en la película no está nada de eso. Más que nada porque es imposible entender lo que le pasa. Falta información, posibles motivaciones para que veamos con claridad cada cosa y poderla colocar en el sitio justo. La película se vacía de sentido por los cuatro costados cuando lo único que le queda al espectador es esperar que una luz (que nunca llega) ilumine las más de dos horas de duración. Una madre omnipresente y omnipotente, un hombre al que ama el protagonista, una secretaria leal hasta el delirio y poco más. Más ensamblado todo. Insisto que lo más emocionante para el espectador puede llegar a ser saber que la película finaliza y puede salir de la sala deprisa y corriendo.
La interpretación de DiCaprio es bastante normalita. Él, que no es precisamente el mejor actor del mundo, defiende como puede un papel sin alma, sin rasgos que sean relevantes (aunque en la vida real del sujeto en cuestión los fueran. Esto es cine y las reglas son otras). Naomi Watts discreta. Armie Hammer más que discreto (parece una figura de cera cuando está sin maquillar. Maquillado lo es). La dirección actoral del señor Eastwood muy floja. Tanto como el movimiento de la cámara y alguno de los encuadres que, aunque correctos en general, se vuelven insoportables en escenas concretas. Donde se acumula la acción más trepidante no se ve con claridad nada; el operador de cámara se debió poner histérico.
La música pasa desapercibida. Esta es otra de las cosas que deja atónito a cualquier persona que siga de cerca la carrera como director de este hombre (la de Eastwood, no la del jefe del FBI). ¿Dónde ha dejado su exquisito gusto musical este señor?
Lo del maquillaje es algo inexplicable. Todo parece ser de gomaespuma. Rostros, labios, arrugas.
Todo se queda a medias. Y todo se convierte en nada. Además, la figura del personaje protagonista, francamente, no parece despertar mucho interés entre el gran público. Sin negar una vida interesante al máximo es como si quedase un poco lejos.
Muy decepcionante.
© Del Texto: Nirek Sabal


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1 Respuesta en “J. Edgar: La mitad de la nada”

  • tonig ha escrito:

    completamente de acuerdo! un tostón en toda regla, un maquillaje tan presente que es más protagonista que los propios personajes, una historia desdibujada y lo peor, llevar 77 minutos y saber que quedan otros 60.