The artist: La película que deja sin palabras

Magnífica. Esta película es lo mejor que se ha filmado en los últimos tiempos. Atrevida, muy bien contada y arriesgada. Emotiva, simpática y honda. Una verdadera muestra de buen cine.
Reconozco que soy unos de los que la han visto cargado de prejuicios. Eso del blanco y negro y la falta de sonido al mismo tiempo se me antojaba difícil de digerir. Pero no. Y ese es otro de los encantos de The artist. Pone patas arriba al que más reticéncias presenta. No creo que nadie al que le guste el cine se resista a una película como esta.
La historia que cuenta el director y guionista Michel Hazanavicius es de una sencillez y de una inocencia insólita en los tiempos que corren. Y por eso se convierte en un homenaje al cine clásico, al Hollywood más primitivo y a los amantes del cine de todos los tiempos. No pretende ser otra cosa distinta a lo que es: una comedia deliciosa. Es de agradecer que alguien haya sido capaz de renunciar a los efectos especiales y visuales fabricados con un ordenador, al 3D y a la violencia desproporcionada. Es de agradecer que alguien entienda que la ficción (con sus cosas tan lejanas de la realidad) forma parte de nuestras vidas si se consigue emocionarnos.
La banda sonora es fantástica. Desde el primer momento escuchamos la partitura y sabemos qué notas acompañaran a cada uno de los protagonistas. El compositor se ofrece para hacer un trabajo de matices y no para lucir con luz propia. La banda sonora funciona si la escena funciona. Un camino de ida y vuelta. Otro acierto.
La interpretación de Jean Dujardin en el papel protagonista es estupenda. La de Bérénice Bejo en el otro papel principal inolvidable. John Goodman y James Cromwell a la altura que se espera de alguien que participa en una película de esta dimensión. La dirección actoral es otro de los logros, lógicamente. De los grandes logros.
La puesta en escena es perfecta. Y la dirección artística impecable.
Los textos que aparecen en los cartelitos característicos del cine mudo son precisos. Ni uno de más o de menos. Sigue la suma.
Los sonidos elegidos durante una escena que muestra un sueño del protagonista y el tema del final de la película no pueden estar mejor elegidos.
En fin, podría seguir. Pero lo que toca es ver la película por primera vez, por segunda o tercera. No creo que nadie se canse de echar un vistazo de vez en cuando a The Artist.
Una de las cosas que más impresiona de esta película (por terminar aunque me dan ganas de seguir) es que, desde el primer instante, sabes que te va a gustar. Mucha culpa de ello la tiene la habilidad del director. Nos enseña un cine de antes, de esos en los que debajo de la pantalla se encontraba la orquesta. Y lo hace para meternos dentro desde el minuto primero. Y otra de las cosas es la sencillez de los materiales narrativos con los que se juega en el guión. Amor, un lunar, un bigote, dos sonrisas y un perro. Además, el dolor, el fracaso y el éxito. Sencillo y contundente.
No exagero si digo que todos los que se han acercado al cine con mejor o peor suerte deberían ver esta película. Sería una forma de reconciliarse con él, de amarlo por siempre jamás.
Por fin una buena película de gran cine. Ojalá la premien con un buen montón de estatuillas, globos, conchas, espigas u osos.
© Del Texto: Nirek Sabal

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