La môme: una interpretación enorme y poco más

Existen muy pocos misterios alrededor de la vida de Edith Piaf. Se ha escrito hasta la saciedad sobre este mito y leyenda de la canción francesa y nada de lo que pueda aparecer será novedad. Es por eso que la película La môme, verdadero título del biopic dirigido por Olivar Dahan, no nos va a aportar absolutamente nada que no sepamos sobre esta leyenda de la música.

Sin embargo, pese a no ser una película que pase a los anales de la historia del cine, son varias cuestiones las que se pueden destacar de esta producción. En primer lugar, la extraordinaria fotografía de Tetsuo Nagata (con direcciones fotográficas en producciones francesas: Paris, Je t’aime, El pabellón de los oficiales, etc.) que no sólo retrata y recrea la atmósfera rotunda y asfixiante del París de la época, sino que consigue que entremos en todos y cada uno de los rincones recorridos por la Piaf; y la espectacular interpretación de Marion Cotillard en el papel proyagonista que, como si de un camaleón se tratara, se transforma hasta el punto que uno tiene la sensación de estar frente a la mismísima Piaf; fajándose con la mujer joven y con la mujer adulta, que no anciana, que finalmente falleció (Edith Piaf pese a la aparente vejez sólo tenía 45 años cuando murió).

Uno de los hándicaps de la película es que su director, Oliver Dahan, da por sentado que todos conocemos la vida de la artista y juega con el desorden de la trama, con flashbacks que, en ocasiones,  parecen colocados con calzador y hacen que el espectador pueda perderse en multitud de detalles y momentos de la vida de la artista que no son menudos. Posiblemente, hubiera sido más adecuado seguir el orden cronológico de la vida de Piaf y la película no hubiera perdido nada en absoluto sino todo lo contrario.

Una película para ver la impresionante construcción del personaje que hace Marion Cotillard, su evolución continua y, sobre todo escuchar, no los diálogos que sostienen los distintos personajes que por ella se suceden, sino para escuchar, de viva voz de Edith Piaf, sus maravillosas canciones. Sin embargo, y pese a ello, pese a la dramática ambientación, pese a la durísima vida de la artista, esta película no va a conseguir arrancarles ni una sóla lágrima, ni tan siquiera va a conseguir emocionarles mínimamente. No sé dónde está el error, o puede que no lo sea, y el director y los guionistas quisieran entregarnos una producción absolutamente aséptica. No lo sé.

Sin embargo, ignoro también el motivo, por el que este paseo por la vida de la diva de la canción francesa, con una vida miserable y desagraciada hasta el final, consiguió tenerme clavada frente a la pantalla durante las más de dos horas de su metraje. ¿Incongruente? Puede que lo sea. ¿Para recomendársela? Pues sí, pero no esperen nada más allá de lo que ahora les digo. Una película para gozar de una interpretación grandiosa y acaramelar nuestros oídos. Poco más.

© Del Texto: Anita Noire


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