Amanecer de un sueño: el olvido del futuro

El olvido de los mayores se convierte en la memoria de los jóvenes si participan de la experiencia de la vejez, del alzheimer. La historia de una persona, que ya no sabe ni cómo se llama, se mezcla con la realidad futura. Porque el pasado ajeno del viejo quiebra el presente de uno mismo, dibuja el futuro con trazos menos hermosos. El joven está condenado a olvidar parte de sí mismo. Son las reglas del juego.
Amanecer de un sueño es una película de Freddy Mas Franqueza. Es una película que indaga en el mundo del mayor, de la enfermedad del olvido; pero, también, del abandono, de los callejones sin salida que nos presenta la vida, de lo imposible o de lo posible que se convierte en una tortura cuando se aleja. Emotiva, muy bien contada y resuelta con valentía, sin hacer concesiones innecesarias al público. Cuando la cosa es fea nadie debe empeñarse en que se convierta en bonita. Eso no lleva a ningún sitio.
El director presenta una familia destrozada. Cada uno de los que la integran tienen razones para pisar el freno aunque ninguno lo hace. Todos tratan de avanzar por la senda que tienen a mano. Y sólo la enfermedad y muerte de uno de ellos marca un punto de inflexión que lleva, otra vez, a ninguna parte que los personajes desean. Triste, dura, profunda.
Hector Alterio (uno de los protagonistas, el que defiende el papel de Pascual; abuelo, padre y viudo) está estupendo (sólo se le ve algo descompensado en un par de escenas que invitan al histrionismo y que cualquier otro hubiera convertido en un desastre interpretativo). El resto (Alberto Ferreiro, Sergio Padilla o Mónica López) defienden lo suyo y pasan la prueba. Pero Alterio llena la pantalla y salva los muebles en ese aspecto. Y el movimiento de la cámara es preciso, la iluminación notable, la peluquería estupenda, los encuadres muy acertados y el guión sobresaliente. El resultado es una muy buena película que conmociona si se mira con calma y atención.
¿Qué es el olvido? ¿Se trata de no recordar, de no poder hacerlo, de hacerlo de forma desordenada? ¿No saber es una forma de olvido? ¿No reconocer la realidad teniendo las capacidades mentales intactas es otra forma de olvido? Son preguntas que el espectador se plantea a medida que la trama avanza en dirección a un desastre que salpica a todos los personajes de la película. Todo tipo de olvido lleva al sufrimiento si lo que se deja en el camino es parte de uno mismo. Ya sea por enfermedad, ya sea porque la vida obliga a tomar decisiones tremendas.
El cine debe ser espectáculo. Siempre. Es uno de sus ingredientes principales. Pero nadie dijo nunca que un espectáculo es luz, sonido y color; alegría y diversión. Un espectáculo es eso que alguien piensa y convierte en algo tangible (desde un prisma físico o intelectual) para que el que mira, el que lee o el que escucha entienda lo que pasa a su alrededor. Sea bonito o feo, sea doloroso o un oasis de placer. Amanecer de un sueño es cine y, por tanto, espectáculo. Doloroso, triste y descorazonador. Pero espectáculo al fin y al cabo. Y, además, Héctor Alterio llena la pantalla. Por eso merece la pena aunque se sufra durante cien minutos. O quizás durante toda una vida si el espectador dedica su tiempo a observar el entorno. Porque, a veces, el cine de ficción tiene más de documental de lo que creemos.
© Del Texto: Nirek Sabal


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