Granujas de medio pelo

La cultura del éxito y la fama, la riqueza material contra la intelectual, el posicionamiento social y la utopía de poder comprarlo todo, hasta una cultura exquisita o una pronunciación aristocrática, da bastante repelús en la vida real, pero le queda muy simpática a Woody Allen en esta película dónde unos granujas, que apenas llegan al medio pelo, intentan aprender en vano a ser nuevos ricos.
Las dificultades culturales con las que se encuentran los personajes son graciosamente sorteadas con una pomposidad abrumadora. Nada más grandilocuente que el volumen de voz de dos maleducados, nada más vistoso que un gnomo enorme multicolor en el dormitorio. Ningún amante más interesante que un trillado galerista de ojos azules engominado y petulante.
La especulación de galletas parece que da para bien poco. La elegancia, la educación y el buen gusto que, de manera obsesiva, persiguen los personajes, resultan inalcanzables y remotos. La delicadeza que exige esa ansiada educación nunca forma parte del premio en los shows televisivos, ni en los millonarios décimos navideños. El poder televisivo se hace patente alimentando a una clase cada vez más asocial y más marciana. Las nuevas tecnologías, tan modernas y funcionales, mantiene a este mismo planeta de marcianos en sus asientos, reproduciendo celulitis y pulgares cada vez más largos. En la educación general básica no cabe el cine, ni la música, ni la filosofía. Le llaman a una pedante por fumar en pipa o leer a Raymond Roussel, una mujer interesante cuando una es una antigua.
La sociedad se perfecciona dentro de un proceso rancio y engañoso. Los modernos resultan un vejestorio y los antiguos una especie futurista.
Ray y Frenchy volvieron a su viejo apartamento arruinados y resacosos de dinero. La lección de las galletas resultó mucho más rica que todo su imperio.
No pude evitar recordar esta película cuando este verano R y yo intentamos el atraco a un banco mediante el socorrido butrón. Despistados entre galerías subterráneas descubrimos la misteriosa receta de las galletas frenchy, fundamos una numerosa familia de yorkshires entendidos en francés y nos mudamos de naturistas al campo, a un bonito prado sembrado de encinas, con gorros de oso polar y piki-pikis de la abuelita N.
© Del Texto: Sonia Hirsch


Imagen de previsualización de YouTube


Comentarios cerrados.