Jackie Brown: El guión inteligente

El cine de Quentin Tarantino es tan apreciado como denostado. Porque no todo el mundo está preparado o tiene ganas de bucear en el lado más oscuro de la realidad. Porque cualquier cosa que cuenta este director en sus películas se convierte en una radiografía ácida y dolorosa. Porque algunos no digieren con facilidad las nuevas formas narrativas y las niegan desde el principio y pase lo que pase. Todo en el cine de Tarantino es un enorme chiste que hace reír a los que pueden asumir que la vida es un tránsito hacia no sabemos donde que no hay que tomar en serio si queremos sobrevivir.
Jackie Brown es una de las películas dirigidas por Quentin Tarantino. Divertida y tremenda. Sesentera en su concepción estética. Muy bien contada. Una película muy pegada a lo que el director entiende que debe ser el cine (aunque la factura final se retira de los trabajos anteriores del director, la esencia queda intacta; algo más reflexivo y maduro el desarrollo narrativo): una mofa de todo lo que se pone por delante en el universo de unos personajes magníficos. El mundo mirado desde los bajos fondos porque el mundo es eso y no otra cosa; una enorme cloaca en la que todo lo que ocurre se articula alrededor de las motivaciones que mueven al ser humano (vanidad, codicia, venganza y un amor que sirve para maquillar todas las miserias). El cosmos es sólo eso y así nos lo presenta Tarantino.
Jackie Brown es una película con un ritmo narrativo esplédido. A través de rupturas temporales y cambios en la focalización de la acción, el espectador va recibiendo toda la información necesaria sobre los personajes que explotan sin contemplaciones desde muy pronto. Al fin y al cabo, los personajes (las personas) son lo que ven otros de ellos. Sin esa mirada no pueden existir. Y en el cine de Tarantino eso está garantizado: personajes en todo su esplendor. Concretamente, en Jackie Brown, Tarantino juega a eso y nada más que a eso. Todo lo importante llega desde el mismo sitio y si algo termina siendo relevante llega desde el personaje. Utiliza con gran acierto los talentos de Samuel L. Jackson (fantástico y creíble, macarra e intimidatorio, grande), Robert De Niro (divertido y correcto en su interpretación aunque con algún pico artístico como, por ejemplo, el momento en que sale del centro comercial junto a la novia del villano), Pam Grier (resucitada, muy bien fotografiada y defendiendo su papel de forma notable); Robert Forster (tal vez el más discreto aunque en un papel que tampoco da para mucho más) o Bridget Fonda (mucho más contenida que en otros trabajos aunque flojita como siempre). En cualquier caso, la dirección actoral en muy buena. De cada uno de los que componen el reparto, Tarantino saca petróleo (lo poco o lo mucho que ahí). Petróleo que hace funcionar el motor de personajes que llevan en el mundo mucho tiempo sin hacer nada importante.
La película se desarrolla con una trama inteligentísima y muy bien desarrollada, con un final verosímil y acertado. Traición, avaricia, crimen, sospecha, violencia, un lenguaje soez y gracioso por su bajeza. Un enredo que pocos pueden resolver sin caer en el tópico y el territorio común y sobado. El guión es cuidadoso con lo fundamental. Y es honesto. Los diálogos son, en su gran mayoría, excelentes.
No hace falta decir que la banda sonora de la película es sensacional. Es de las que quitan el hipo a cualquiera.
Si tienen un rato echen un vistazo a Jackie Brown. No se arrepentirán.
© Del Texto: Nirek Sabal


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