A casa por navidad: Una bonita chapuza

Durante la navidad somos capaces de olvidar las cosas más inverosímiles. La familia roza la perfección, los malos momentos quedan aparcados durante unos días y las chapuzas se pasan por alto. Parece que nada está descolocado. Y lo que está fuera de su sitio ni se mira.
Hacer cine no es fácil. Hacerlo mal ya es otra cosa. Bent Hamer intentó hacer buen cine al rodar A casa por navidad. Pero la chapuza fue descomunal. Es verdad que esta película se deja ver y que el espectador no se encuentra obligado a salir pitando. Pero ni el intento de convertir algunas situaciones patéticas en cómicas, ni el que hace Hamer para escapar de momentos lacrimógenos y tópicos, resulta efectivo entre tanto desastre cinematográfico y, sobre todo, narrativo.
Elige el director una serie de relatos de entre los que aparecen en Bare mjuke pakker under treet (Dejad regalos suaves debajo del árbol) y los trata de convertir en uno solo. Pero sin tener en cuenta algunas cosas fundamentales. Por ejemplo, que los personajes se le quedan a medio camino y, por ello, el espectador no termina de entender qué pintan allí. Un futbolista que ahora bebe como un cosaco y que se encuentra con una mujer en su viaje de regreso (que aparece y desaparece sin dejar rastro ni huella en el espectador); un chico y una chica que miran el cielo estrellado y que sólo sirven para que Hamer nos intente demostrar que en navidad no hay diferencias étnicas, ni religiosas (aunque me pregunto a qué viene esto y cómo encajarlo en el conjunto); un médico que atiende a una parturienta y regala el coche a la pareja (parturienta y marido) para que sigan su viaje; un tipo de se disfraza se Santa Claus para poder ver a sus hijos; un hombre (que se la juega a su mujer) y no está dispuesto a dejar su vida atrás con el evidente disgusto de su amante. Cosas así. Y Hamer intenta ubicar cada cosa en un espacio común. Sin lograrlo, claro. Si no hay personaje no hay nada que hacer. Es verdad que el toque sarcástico de la película hace que algunos momentos sean tan divertidos como patéticos. Es verdad que Hamer juega a enseñar la navidad desde perspectivas diversas. Pero también es verdad que la cosa se presenta caótica y con difícil solución.
No hay personajes. Y no hay actores ni actrices. Todos están muy limitados en sus interpretaciones. El guión, no crean, es poco exigente en ese sentido. Pero un mínimo de calidad siempre es necesario. Trond Fausa Aurvåg, Fridtjof Såheim o Reidar Sørensen son algunos de los intérpretes. Ya sé que estos nombres no les dicen nada. Y, salvo hecatombe en el mundo del cine, seguirán sin tener mucho sentido para ustedes por siempre jamás.
Por salvar algo de todo esto, podría (siendo muy generoso) señalar que el director noruego arranca de algo muy interesante y que preocupa a más de uno: un gesto cambia el mundo. No hacer algo o hacerlo puede provocar enorme felicidad o un desastre de proporciones espectaculares. Por ejemplo, no filmar una película mientras el guión no esté preparado y maduro puede hacer muy feliz a los que ven cine con regularidad.
La navidad es tiempo de pasar cosas por alto, de hacerse el muerto ante lo que no gusta. Pero hay cosas que no se pueden consentir. Si quieren ver una película sobre la navidad tienen muchas opciones. Esta sólo entretiene sin dejar el más mínimo poso. Y no despierta ese espíritu navideño que tanto buscamos.
© Del Texto: Nirek Sabal

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