dic 18 2011

Arthur Christmas: Operación Regalo

Ir al cine sabiendo que estarás rodeado de niños, bolsas de palomitas, padres dormidos o que creen que en el cine (para niños) sus hijos pueden hacer lo que les venga en gana, es un riesgo. Enorme. Puedes salir sin haber prestado atención a la película, con los pantalones llenos de pisadas del compañero de butaca y con un cabreo de los grandes. Pero para hablar de cine hay que asistir a las proyecciones. Y si tienes hijos pequeños, como es mi caso, hay que asistir hables de cine o de política.
Efectivamente, el cine era como el patio de un colegio. Sin luces, eso sí. Y la sala estaba medio vacía. Cosa extraña tratándose de un domingo. Es lo que tiene hacer una mala campaña de comunicación y competir con El gato con botas. Pero esta vez me ha dado un poco igual. Me lo he pasado, francamente, bien.
Arthur Christmas: Operación Regalo es una película divertidísima. La primera media hora tiene un ritmo narrativo sensacional. A partir de ese momento, la cosa va a menos y la trama visita los lugares tópicos aunque no pierde la gracia. La animación está muy bien (no puedo decir nada del 3D puesto que he visto la versión digital), los diálogos son muy locos y ocurrentes. Los personajes crecen con rapidez sin dejar detalles sueltos. En conjunto, se trata de un buen trabajo aunque, al tratarse de una película infantil, el metraje se hace algo largo. La excusa de hacer películas para niños que puedan ver los padres sin aburrirse se ha convertido en un cheque en blanco para alargar tramas muy simples haciendo pequeños guiños a los adultos.
Arthur es el hijo de Santa Claus. Uno de ellos. Bastante patoso y todo bondad. Una niña se queda sin su regalo a causa de un error y decide viajar hasta su casa para evitar que deje de creer en la navidad y en la figura de Santa. Un hermano al que se le dan mal los niños, un abuelo que fue Santa durante años, el actual titular del trineo (gigantesco y último grito tecnológico), una madre internauta y miles de elfos especializados en sus trabajos; serán los compañeros de aventuras de Arthur. El viaje alrededor del mundo del muchacho es toda una experiencia para los niños que aprenderán cómo es posible que los regalos lleguen a tiempo y a todos los lugares del mundo.
Merece la pena ir al cine para echar un vistazo a esta película. El mensaje es sencillo, el desarrollo de la trama muy entretenido, los efectos visuales espectaculares y prepara el camino para que la navidad llegue con una nueva experiencia dentro del cine. Aficionarse a esto de ver películas es algo que llega desde la experiencia. Y los niños son esponjas para las cosas del aprendizaje. Además, es raro escuchar aplausos en una sala de cine salvo que sean niños los que se tragan una película con entusiasmo y sin prejuicios. No dejen de llevar a sus hijos, sobrinos, nietos o a los niños que les endosan sus amigos para poder ir a la cena de la empresa. Ustedes tampoco se aburrirán.
© Del Texto: Nirek Sabal


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dic 18 2011

El método: Terror profesional

El terror llega cuando los límites no se encuentran. No saber dónde puedes llegar, qué es lo que te espera, desconocer lo que podrías llegar a hacer; son las cosas que más miedo provocan en las personas. Aunque es mucho peor conocer algunos de esos límites.
Eso es lo que intenta explicar Marcelo Piñeyro en su película El método. Nos coloca ante siete candidatos a ocupar un puesto de trabajo a los que reúnen en una misma sala. Entre ellos hay una persona que pertenece a la organización que debe contratar a la persona más idónea. Y entre ellos, entre los siete, deberán elegir quién es esa persona.
La película se desarrolla, casi en su totalidad, dentro de una sala de reuniones en la que se disputan el futuro. O en el baño de las instalaciones. Sólo unas pocas secuencias en exteriores, al principio y al final. Los personajes van sufriendo el desarrollo preciso (al menos el que precisa el director de la película) a medida que van pasando pruebas eliminatorias aunque, desde el principio, el carácter de todos ellos intenta fijarse con un par de rasgos característicos e importantes. Ayuda mucho que la elección de los actores fuera más que buena. Eduardo Noriega tiene pinta de pijo insoportable y su personaje también; Najwa Nimri tiene pinta de sosa con punto zen y su personaje resulta igual de soso y de perdido entre deleites intelectuales; Ernesto Alterio podría pasar por ser una persona frágil por su aspecto y su personaje es el arquetipo de lo pusilánime; Eduard Fernández muestra un aspecto duro y de posiciones claras ante cualquier asunto igual que su personaje; Carmelo Gómez y Adriana Ozores son la normalidad del problema diario de supervivencia en un mundo de lobos jóvenes; en fin, todos están bien elegidos para sus papeles. Incluso a Natalia Verbeke le encontraron un perfil de secretaria estúpida que hace las cosas de forma dudosa. Como ella hace su trabajo delante de la cámara. Sin duda el casting es de lo mejor de la película.
El diálogo es lo que hace que la acción avance con bastante fluidez. La pena es que el guionista tiende a repetir más de la cuenta algunas cosas como queriendo remarcar el carácter de los personajes. Alguien le debería haber advertido que lo había conseguido muy pronto y que tanta reiteración era innecesaria. La película pierde mucho en su conjunto debido a esto. Además, carga la importancia de los diálogos sobre los dos personajes peor interpretados y que más lejos llegan en el metraje. El de Noriega y el de Nimri. Una pena, sí, porque algunas intervenciones aparecen excesivamente forzadas y traídas por los pelos (por ejemplo, cuando el personaje de Noriega recuerda al de Adriana Ozores su edad y la desventaja que supone) y una buena interpretación podría limar el problema. Aquí no, aquí se agrava. El guión es mejorable aunque, hay que decirlo, no está nada mal.
Ya digo que las interpretaciones son desiguales. Eduard Fernández está estupendo, muy contenido y utilizando el lenguaje corporal como muy pocos actores europeos son capaces; Alterio se presenta creíble y solvente. Pero Noriega y Nimri se mueven en la pantalla aburridos y desganados. Tal vez no hay más cera de la que arde. El resto, salvo la señorita Verbeke que está horrenda, se desenvuelven con corrección.
El montaje es correcto aunque algo tramposo. Chirrían algunas cosas que aparecen al final de la película y que deberían haber aparecido mucho antes. Más que nada porque ya las sabemos a los cinco minutos.
En cualquier caso, la película es entretenida. Me interesa mucho ese miedo, ese terror profesional, al que miles de personas se enfrentan diariamente. Hay escenas que son tremendas y con ellas llegan las preguntas lógicas: ¿Sería yo capaz de algo así? ¿Hasta dónde estoy dispuesto a llegar? Porque estamos acostumbrados a pensar que lo violento tiene que ver con las armas y nada más, a que lo sucio de la vida es cosa de países lejanos y gentes extrañas. Y si nos dicen que no, que podemos ser nosotros mismos los que construimos un mundo salvaje, nos entra un terror difícil de controlar y asumir.
Una buena opción para pasar una tarde en casa frente a la pantalla. Con palomitas y todo. En casa no se molesta a nadie.
© Del Texto: Nirek Sabal


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